Lugares del mundo donde el menú incluye insectos

Para la mayoría, los insectos tienen muchos significados, pero no el de ser un suculento plato. Por eso, podemos sentirnos impresionados, y hasta asqueados, cuando descubrimos que el menú de algún lugar incluye algún plato hecho con gusanos, cucarachas o algún otro bicho.
Lo cierto es que son muchos los países donde los insectos forman parte de la dieta local. Por más extraño que nos resulte, los insectos son también proteína y los pueblos han aprendido a convertirlos en algo comestible y, a veces, delicioso.
El punto es que cada cual tiene que resolver el dilema: comer insectos para probar los verdaderos sabores locales o abstenerse de hacerlo por el condicionamiento cultural que nos lleva a verlos como sucios o poco agradables. Cada quien decide.
Para que estés preparado, mejor que sepas cuáles son esos lugares en donde el menú incluye insectos. Estos son algunos de ellos.
Tailandia, donde se consumen 1600 insectos

Si hay un lugar en donde los insectos forman parte del menú habitual, ese es Tailandia. En total se comen 1600 tipos diferentes de insectos. De hecho, en ese país el consumo de esos platos exóticos forma parte de sus atractivos turísticos.
Habitualmente se comen tostados o en brochetas a la brasa. Hay pinchos de todo tipo de gusanos, incluyendo gusanos de seda. También cucarachas de agua al gusto, y de saltamontes, polillas y toda suerte de bichos. El barrio de Nana, en Bangkok, es el lugar especializado en este tipo de platos.
México, un lugar de platillos con insectos

En México se consumen varios tipos de insectos, pero definitivamente los más conocidos son los famosos “chapulines”. Estos se comen tostados, sin más acompañamiento, o en platos de enchiladas o marinados. Son grillos o saltamontes.
También es muy habitual encontrarte con el célebre gusano de maguey en el tequila o en el mezcal. En algunas zonas se consumen los escamoles, que son las larvas de una hormiga. Así que en México tienes varios platos con insectos para elegir.
Japón y sus especialidades insectívoras

Japón es otro de los países orientales que toman a los insectos como una delicia culinaria. En particular, las poblaciones del interior del país son muy dadas a consumir diferentes tipos de bichos en su menú habitual.
Las larvas de abeja negra ya alcanzaron una versión gourmet en diferentes restaurantes. También los cocidos de saltamontes y gusanos. Como en Tailandia, son aficionados a comer gusanos de seda y la cucaracha argentina frita se considera un plato de los dioses.
África y su paladar “insectofílico”

Son varios los países de África donde se estila comer insectos en la dieta diaria. Una de las particularidades es que muchas de las especies consumibles son de gran tamaño. Son bichos gigantes y, por lo tanto, repletos de proteína.
Por ejemplo, en el Congo se comen los gusanos de selva con harina de mandioca. En Uganda se consumen unos gusanos gigantescos, a los que llaman “senene”, bien aderezados con picante. Y en Camerún y Angola fríen los saltamontes y les ponen un poco de cebolla para hacerlos más apetitosos.
Mientras, en la República Centroafricana los gusanos asados son bocadillos apetitosos. En Ghana, por su parte, adoran las orugas de polilla gigante. También hacen fabulosos panes con las larvas de diversos bichos.
Sorpresa: todos comemos insectos
Si sientes algo de asco al pensar en esos platos, mejor que no te asombres tanto. Está comprobado que las personas que no somos de esos países, podemos llegar a consumir hasta un kilo de insectos al año sin darnos cuenta.
Por más escrupuloso que seas, hay un montón de bichos que vienen en las frutas y verduras y que resultan imperceptibles. Por ejemplo, un vaso de zumo de naranja implica la ingestión de al menos cinco moscas de la fruta. Si lo tomas todos los días, al final del año habrás consumido hasta medio kilo de esos insectos.
Fuera de anécdotas, lo cierto es que el rechazo hacia ese tipo de comidas es netamente cultural. Finalmente, de lo que se trata es de aprovechar el entorno para conseguir nutrientes. Muchos pueblos y muchas personas podrían aliviar el hambre si fuéramos más flexibles con esas barreras nutricionales.
Para la mayoría, los insectos tienen muchos significados, pero no el de ser un suculento plato. Por eso, podemos sentirnos impresionados, y hasta asqueados, cuando descubrimos que el menú de algún lugar incluye algún plato hecho con gusanos, cucarachas o algún otro bicho.
Lo cierto es que son muchos los países donde los insectos forman parte de la dieta local. Por más extraño que nos resulte, los insectos son también proteína y los pueblos han aprendido a convertirlos en algo comestible y, a veces, delicioso.
El punto es que cada cual tiene que resolver el dilema: comer insectos para probar los verdaderos sabores locales o abstenerse de hacerlo por el condicionamiento cultural que nos lleva a verlos como sucios o poco agradables. Cada quien decide.
Para que estés preparado, mejor que sepas cuáles son esos lugares en donde el menú incluye insectos. Estos son algunos de ellos.
Tailandia, donde se consumen 1600 insectos

Si hay un lugar en donde los insectos forman parte del menú habitual, ese es Tailandia. En total se comen 1600 tipos diferentes de insectos. De hecho, en ese país el consumo de esos platos exóticos forma parte de sus atractivos turísticos.
Habitualmente se comen tostados o en brochetas a la brasa. Hay pinchos de todo tipo de gusanos, incluyendo gusanos de seda. También cucarachas de agua al gusto, y de saltamontes, polillas y toda suerte de bichos. El barrio de Nana, en Bangkok, es el lugar especializado en este tipo de platos.
México, un lugar de platillos con insectos

En México se consumen varios tipos de insectos, pero definitivamente los más conocidos son los famosos “chapulines”. Estos se comen tostados, sin más acompañamiento, o en platos de enchiladas o marinados. Son grillos o saltamontes.
También es muy habitual encontrarte con el célebre gusano de maguey en el tequila o en el mezcal. En algunas zonas se consumen los escamoles, que son las larvas de una hormiga. Así que en México tienes varios platos con insectos para elegir.
Japón y sus especialidades insectívoras

Japón es otro de los países orientales que toman a los insectos como una delicia culinaria. En particular, las poblaciones del interior del país son muy dadas a consumir diferentes tipos de bichos en su menú habitual.
Las larvas de abeja negra ya alcanzaron una versión gourmet en diferentes restaurantes. También los cocidos de saltamontes y gusanos. Como en Tailandia, son aficionados a comer gusanos de seda y la cucaracha argentina frita se considera un plato de los dioses.
África y su paladar “insectofílico”

Son varios los países de África donde se estila comer insectos en la dieta diaria. Una de las particularidades es que muchas de las especies consumibles son de gran tamaño. Son bichos gigantes y, por lo tanto, repletos de proteína.
Por ejemplo, en el Congo se comen los gusanos de selva con harina de mandioca. En Uganda se consumen unos gusanos gigantescos, a los que llaman “senene”, bien aderezados con picante. Y en Camerún y Angola fríen los saltamontes y les ponen un poco de cebolla para hacerlos más apetitosos.
Mientras, en la República Centroafricana los gusanos asados son bocadillos apetitosos. En Ghana, por su parte, adoran las orugas de polilla gigante. También hacen fabulosos panes con las larvas de diversos bichos.
Sorpresa: todos comemos insectos
Si sientes algo de asco al pensar en esos platos, mejor que no te asombres tanto. Está comprobado que las personas que no somos de esos países, podemos llegar a consumir hasta un kilo de insectos al año sin darnos cuenta.
Por más escrupuloso que seas, hay un montón de bichos que vienen en las frutas y verduras y que resultan imperceptibles. Por ejemplo, un vaso de zumo de naranja implica la ingestión de al menos cinco moscas de la fruta. Si lo tomas todos los días, al final del año habrás consumido hasta medio kilo de esos insectos.
Fuera de anécdotas, lo cierto es que el rechazo hacia ese tipo de comidas es netamente cultural. Finalmente, de lo que se trata es de aprovechar el entorno para conseguir nutrientes. Muchos pueblos y muchas personas podrían aliviar el hambre si fuéramos más flexibles con esas barreras nutricionales.