Sumiyoshi Taisha: uno de los santuarios más queridos de Japón

Este artículo fue redactado y avalado por el historiador del arte Armando Cerra
· 7 marzo, 2019
Situado a las afueras de Osaka, este santuario sintoísta es uno de los más importantes y visitados del país. Un lugar cargado de espiritualidad.

El santuario Sumiyoshi tiene una larguísima historia. Lo contemplan nada menos que 1800 años, ya que se construyó en el año 211, mucho antes de que el budismo llegara al territorio japonés. Por eso es uno de los templos sintoístas más queridos y venerados en tierras niponas. Especialmente en la ciudad de Osaka, en cuyas inmediaciones se encuentra.

Cómo llegar al templo de Sumiyoshi

Durante tu viaje a Osaka, el mejor modo para llegar al Sumiyoshi Taisha (taisha, lo podemos traducir como santuario) es en tren. Varias líneas dejan muy cerca. Por ejemplo, la línea Kankai-Koya, que tiene la parada Sumiyoshi-higashi; o la línea Nankai-Hon, con la parada Sumiyoshi-taisha; o la línea Hankai, en la que nos deberemos bajar en Sumiyoshitorii-mae.

Igualmente, es posible ir en autobús público, ya que podemos llegar hasta Sumiyoshi-koen. Y quizás lo menos recomendable sea el automóvil. Entre otras cosas porque en las fechas de máxima afluencia, como por ejemplo los festivales de verano o el día de Año Nuevo, hay muchas restricciones de tráfico.

Uno de los santuarios más queridos de Japón

Entrada a Sumiyoshi Taisha
Entrada al templo – Geoff Whalan / Flickr.com

El sintoísmo es la religión más auténticamente nipona, y a ella pertenece el Sumiyoshi. En este lugar se venera a tres divinidades distintas. Son tres kamis o espíritus de la naturaleza, conocidos como Sumihoshi Sanjin, unas deidades protectoras de los marineros, defensoras del país y de la poesía.

También se venera aquí a la emperatriz Jingu. Ella es la personalidad que ampararía la construcción de este espectacular recinto a comienzos del siglo III.

Lo cierto es que hay numerosos santuarios repartidos por todo Japón a los que se acude a venerar a esas divinidades. Pero de todos ellos el más importante es este cercano a Osaka.

La visita al Sumiyoshi Taisha

La experiencia de recorrer el santuario Sumiyoshi supone toda una inmersión en la espiritualidad y las tradiciones más ancestrales del pueblo japonés. Esto es lo que destaca en él.

La entrada al santuario

Torii de Sumiyoshi Taisha
Torii del templo – Laura Tomàs Avellana / Flickr.com

Como es habitual, la entrada al recinto se hace atravesando un enorme torii. Este es un arco tradicional japonés, normalmente de color rojo, que marca el acceso a los templos. En este caso está construido de piedra.

Y partir de él el camino, llamado sando, viene flanqueado por cientos de lámparas de piedra. Esas lámparas son donaciones de aquellos que veneran a la triada Sumihoshi Sanjin, es decir, sobre todo personas y empresas vinculadas con el mar.

El camino sando ya es un espectáculo visual que nos llevará a una segunda entrada al recinto. Y es que los santuarios tan antiguos como el Sumiyoshi suelen tener dos especies de amurallamientos o vallados rodeando todo el espacio sacro.

El puente Sorihashi

Puente de Sumiyoshi Taisha
Puente de Shoriashi

Pero antes de entrar al santuario propiamente dicho hay que contemplar uno de los elementos más emblemáticos del Sumiyoshi Taisha. Es el puente Sorihashi, inconfundible por su color rojo y su curvatura sobre el estanque.

Este paso representa la limpieza de espíritu necesaria de los peregrinos. De hecho, a la salida del puente hay una fuente que ya permite hacer la limpieza física, tanto de manos como de boca. Solo así podemos adentrarnos.

Los honden

Recinto en el templo Sumiyoshi
Templo Sumiyoshi

En el santuario Sumiyoshi hay cuatros honde o salones principales. Tres de ellos están dedicados a los kami y otro a la emperatriz. Esta es la zona de mayor carga espiritual y ocupa el espacio central del recinto.

Si bien, allí también está el kodama, que viene a ser el hogar de los espíritus de los árboles. No hay que olvidar que el sintoísmo es una religión animista.

En definitiva, la visita a este santuario en el entorno de la gran ciudad supone un remanso de paz, radicalmente distinto a los que nos espera en las bulliciosas y futuristas calles del centro de Osaka.

Este es uno de esos lugares que no deberíamos perdernos para así conocer mucho mejor el carácter nipón, capaz de aunar las tradiciones y con la más moderna vanguardia tecnológica.