Los secretos de Bouvet, la isla más remota del planeta

La isla Bouvet es uno de esos lugares enigmáticos por diferentes razones. Su ubicación recóndita le confiere unas características muy especiales, y allí han ocurrido hechos sin explicación.

Escrito por Edith Sánchez, 13 Febrero, 2021

Última actualización: 13 Febrero, 2021

Bouvet es la isla más remota y deshabitada del planeta. Se encuentra a 1750 kilómetros de la Antártida, por lo que la mayor parte de su territorio permanece cubierto por glaciares. Su centro está ocupado por un volcán inactivo, bautizado como la meseta de Guillermo II.

Desde hace tiempo, la isla Bouvet ha despertado la imaginación de muchos escritores que han creado y publicado historias de diversa índole. También la isla ha servido de escenario para la filmación de varias películas.

El descubrimiento de la isla Bouvet

La isla Bouvet fue descubierta por Jean Baptiste Charles Bouvet de Lozier, de origen francés, en 1739, mientras capitaneaba una expedición a bordo de la embarcación Aigle. En su bitácora, Bouvet no consignó de manera correcta la ubicación de la isla, lo que generó confusión.

Este capitán iba tras lo que se conocía entonces como Terra Australis Ignota o ‘la tierra desconocida del sur’. Este era un continente teórico creado en la Grecia clásica que planteaba la existencia de una gran masa de tierra en el hemisferio sur. Esta debía servir de contrapeso a la existente en el hemisferio norte para validar la idea de simetría geométrica de la Tierra.

No está claro por qué el capitán inglés James Cook partió de Sudáfrica en 1772 con rumbo a la isla Bouvet. Lo cierto es que emprendió esta misión y, al llegar al lugar de ubicación registrado por Bouvet, no encontró nada y abandonó la búsqueda.

Para 1808, el capitán ingles James Lindsay, quien trabajaba para una compañía ballenera, redescubriría y ubicaría correctamente la posición de la isla. Esto llevó a que el lugar se llamara por algún tiempo isla Lindsay, debido a que la confusión persistía.

¿Un territorio noruego?

En 1822, el capitán estadounidense Benjamin Morrell, quien comandaba la embarcación Wasp, arribó a la isla solo para cazar focas y tomar sus pieles. Posteriormente, el capitán ingles Norris avistó y rebautizó el sitio como isla de Liverpool y la reclamó como territorio para el Reino Unido en 1825.

Luego, el biólogo y explorador alemán Carl Chun visitó la isla a bordo del Valdivia en 1898, pero no desembarcó en ella. Finalmente, el capitán Lars Christiansen, con su embarcación homónima, permaneció en la isla durante un mes y reclamó el territorio para el Reino de Noruega.

Durante el año 1927, se expidió un Decreto Real que anexaba oficialmente la isla Bouvet al territorio noruego. Aunque el territorio había sido reclamado por el Reino Unido en 1825, este país renunció a la isla en 1928. Dos años más tarde, en un acto administrativo, Noruega declaró la isla como dependencia noruega, pero no como parte de su territorio.

Preguntas sin respuesta

Para el año 1964, se descubrió una embarcación abandonada junto con restos de provisiones. Sin embargo, durante muchos años no fue posible establecer qué había pasado con sus ocupantes; tampoco se pudo determinar la nacionalidad de la nave.

Tras varias investigaciones adelantadas recientemente, se descubrió que posiblemente se haya tratado de una expedición soviética emprendida en 1958. Su tripulación se encontraba atascada por el mal tiempo y habría sido rescatada por un helicóptero.

Otra hipótesis sugiere que se trataba de un grupo de radioaficionados provenientes de Estados Unidos. Estos se encontraban liderados por Gus Browning, en 1962, sin que resulte claro qué hacían allí.

De cualquier forma, ambas conjeturas resultan vagas y sin un asidero razonable como para considerarlas ciertas. Por esto, la explicación del bote abandonado en la isla Bouvet continuará siendo un misterio.

La persistencia de los interrogantes

Noruega declaró la isla Bouvet y su territorio marítimo como reserva natural en 1971. Aunque la isla permanecía deshabitada, se decidió construir allí una estación meteorológica en 1977.

Inexplicablemente, dos años más tarde fueron detectados destellos de luz intensa en fotografías satelitales en los alrededores de la isla Bouvet. Si bien estos destellos son típicos de explosiones nucleares, aún hoy no existe una explicación para el hecho.

Lo que sí se confirmó con posterioridad fue la destrucción de la estación meteorológica, pero se atribuyeron razones de orden climático. Lo mismo sucedió con una estación de investigación construida en 1994, que desapareció supuestamente por los fuertes vientos.

En medio de este contexto, un equipo de escaladores liderado por Jason Rodi decidió escalar el pico Olav, en 2012, y se convirtieron así en los primeros en hacerlo. Enterraron allí una cápsula del tiempo con las predicciones para el año 2062. No deja de sorprender que hayan repetido su hazaña al día siguiente, argumentando el buen estado del tiempo.

El interés científico por la isla Bouvet

La isla Bouvet está dominada por fuertes vientos, niebla y densas nubes. Adicionalmente, el 93 % de su territorio está cubierto por glaciares que forman acantilados enormes. Sus playas negras, resultado de erupciones volcánicas, ocupan el 7 % restante de su territorio.

Por eso es una pesadilla desembarcar en la isla; la forma más segura de hacerlo es desde un helicóptero. Aun así, la isla Bouvet despierta el interés científico de varias naciones, en especial por lo que puede revelar acerca del pasado de la Antártida. Asimismo, interesan su ubicación y las características tan particulares de su clima.

Diferentes grupos de investigación están llevando a cabo estudios que buscan explicar la relación de los vientos con el ascenso desde la profundidad de las llamadas aguas calientes. Este fenómeno es conocido como «surgencia» e influye en el deshielo de los glaciares, así como en el aumento del nivel del mar. Sin dudas, esta isla todavía tiene mucho para darnos a conocer.

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Graduada en periodismo de la Fundación de Educación Superior INPAHU de Bogotá. Estudios de Licenciatura en Ciencias Sociales, en la Universidad Distrital “Francisco José de Caldas” de Bogotá. Autora de los libros “Un duro – Aproximaciones a la vida” y “Un río de mil brazos”. Co-autora de los libros “Humor cautivo”, “Inventario de asombros”, “Impresos comunitarios” y “Seis historias para ser contadas”, entre otros. Ganadora de la beca en periodismo cultural, Ministerio de Cultura de Colombia (1999). Ganadora de los premios de periodismo Semana-Petrobras (2011) y Entrégate a Colombia-Servientrega (2012). Ganadora de las Pasantías Nacionales en Literatura del Ministerio de Cultura (2009 y 2018). Ganadora en el concurso de crónica “Ciudad de Bogotá” (2014). Mención de honor en el Concurso Nacional de Crónica y Testimonio, Universidad Central (2017) y en el Premio Nacional de libros de crónica (2010). Ganadora de la convocatoria “Leer es mi cuento” (2011), entre otros.