La magnífica Ópera Garnier en París, inigualable

· 28 abril, 2016

Para los apasionados de la música, clásica o no, que además estén enamorados, y encima tengan la fortuna de hacer una escapada a París acompañados de su pareja, pocas cosas puede haber tan románticas como acudir a una representación en la Ópera Garnier de París. Si es así, tenéis que preparar dos cosas: la ropa adecuada y afilar la tarjeta de crédito.

Entrar a la Ópera Garnier

Este templo de la música fue diseñado en el siglo XIX por el arquitecto Charles Garnier, de ahí su nombre. Y todavía sigue en uso como espectacular escenario operístico, tal y como lo concibió el emperador Napoleón III, su patrocinador. Y es que la Ópera Garnier fue un punto destacado en su profunda renovación del urbanismo de París, donde surgieron las grandes avenidas que siguen siendo hoy una de las imágenes de la capital francesa.

Ópera Garnier
Ópera Garnier – Rog01 / Flickr.com

Pues bien, como decimos, es posible acudir a una representación en este edificio. Solo hay que consultar su programación, ver qué coincide con nuestro viaje y cuánto cuesta, porque no es una experiencia barata, y es que en glamour se paga muy caro en París.

Historia de la Ópera Garnier

No obstante, para entrar al edificio no hace falta ir a una representación operística, también es posible hacer la visita turística, muy recomendable. De este modo se puede conocer su historia y muchas anécdotas. Por ejemplo, se cuenta que cuando la emperatriz le preguntó a Garnier si iba a construir la ópera en estilo griego o romano, el arquitecto le contestó que la iba a diseñar en un nuevo estilo, el de Napoleón III. Y es cierto que sus formas son muy eclécticas y fusionan muchas tendencias arquitectónicas.

Ópera Garnier
Ópera Garnier – photogolfer

Por otra parte, aunque el emperador y el arquitecto se las prometían muy felices, la verdad es que las obras se prolongaron muchísimo y no pudo ser inaugurado hasta el 15 de enero de 1875.

El interior de la Ópera

La visita turística a la Ópera Garnier nos muestra toda la opulencia de aquellos momentos. Unas formas muy del gusto de la burguesía de la época que solía acudir aquí a ver, y sobre todo a dejarse ver, a aparentar. El caso es que hay que imaginarse este lugar no solo con los espectáculos en el escenario, sino con el esnobismo de sus asistentes por el vestíbulo o la gran escalinata monumental.

Escenario de la Ópera Garnier
Sala de la Ópera Garnier – Chris Chabot / Flickr.com

Todo son detalles cargados de lujos. Todo muy sobrecargado de dorados, espejos, esculturas, primando las formas más opulentas del estilo neobarroco. Un estilo que por aquellos años se convirtió en el símbolo del nuevo esplendor y que se contraponía a las formas más austeras del Neoclasicismo que había primado en las décadas anteriores.

El exterior de la Ópera Garnier

Si queréis un consejo os recomendamos llegar hasta aquí en metro. Obviamente hay que bajarse en la estación de Ópera. De este modo al salir al exterior, mientras se asciende las escaleras de la boca de metro, se va teniendo una perspectiva de lo más impactante de este singular edificio.

Fachada de la Ópera Garnier de París
Ópera Garnier – abadesign

Se trata de una fachada de dos plantas, en cuya parte más alta y sobre un friso destaca una gigantesca cúpula de color verde. A diferencia de otros edificios monumentales que poseen entradas laterales, aquí se entra por su fachada principal, bajo las arcadas que hay en la primera planta y tras subir las escaleras.

Esas arcadas, las muchas esculturas y relieves, los juegos de color entre la piedra y los dorados hacen que toda ella sea un derroche de pompa y también de imaginación.

“En una ópera, la poesía por fuerza ha de ser hija obediente de la música.”

-Wolfgang Amadeus Mozart-

Lo cierto es que si te gusta la ópera deberías darte el capricho de disfrutar de una aquí. Pero si no te lo permite tu cartera, al menos haz la visita guiada a su interior. Si bien, somos conscientes de los muchos encantos parisinos y de que somos viajeros con prisas, sin embargo sería imperdonable no ver y fotografiar su fachada.