Heidelberg, la universidad más antigua de Alemania

La ciudad de Heidelberg es un destino interesante durante todo el año. Para empezar porque su clima, aunque frío, es menos riguroso que en otras zonas de Alemania, y sobre todo su primavera y verano son muy agradables. Además, Heidelberg es una urbe muy animada, ya que es la ciudad universitaria por excelencia en el país, al mantenerse en funcionamiento desde hace siglos la universidad alemana más antigua.

La vieja universidad de Heidelberg

La universidad de esta ciudad se fundó en el siglo XIV, concretamente en 1386, lo que hace que sea más antigua que otros importantes centros universitarios situados en esta misma región de Baden-Wurtemberg, como es el caso de la de Freiburg im Breisgau o Tubinga.

Universidad de Heidelberg
Universidad de Heidelberg – jan kranendonk

Hoy todavía se conserva el edificio histórico en el centro de la población, en la Universitatplatz, donde además se puede visitar también la biblioteca más antigua del país, la cual milagrosamente ha resistido el paso de los siglos, ya que se creó nada más y nada menos que en el 1421.

Pero si es habitual que haya una biblioteca en una universidad, lo es mucho menos encontrar una cárcel para estudiantes. Pues sí. En Heidelberg se conserva la prisión en la que se retenía a los estudiantes que provocaban altercados, ya que eran personas que estaban bajo la estricta jurisdicción de la universidad, algo que se mantuvo hasta el año 1914.

El casco histórico de Heidelberg

La universidad es una de las grandes protagonistas del paseo por el núcleo histórico de Heidelberg. Pero hay otros muchos puntos de interés y todos ellos tienen un acceso muy fácil, al ser casi todas las calles históricas peatonales. Además, casi siempre están engalanadas con flores, de manera que pasear por lugares como la Hauptstrasse, su calle más comercial, camino de la Marktplatz o plaza del Mercado es un verdadero deleite.

Heidelberg
Heidelberg – Noppasin

Además durante esa agradable caminata van surgiendo los distintos palacios barrocos que hay en la ciudad, o sus iglesias más emblemáticas como son las del Santo Espíritu, la de los Jesuitas o la más antigua de todas ellas, la de San Pedro.

Heidelberg, a orillas del río Neckar

Así, sin darnos cuenta, podemos llegar hasta la principal arteria ciudadana, el río Neckar, en cuyo valle se encuentra la urbe. Se tiene constancia que para unir las dos orillas de su cauce ya se levantó un puente en tiempos de los romanos, cuando las legiones imperiales se instalaron en Germania. Sin embargo hoy se conoce como puente antiguo al puente de Carlos Teodoro (Carl Theodor Brücke), que lleva el nombre del emperador que lo mandó construir en el siglo XVIII.

Río Neckar en Heidelberg
Río Neckar – S.Borisov

Para contemplar esa ejemplar simbiosis entre la ciudad y su río, lo mejor es ascender hasta la otra gran joya del patrimonio de Heidelberg: su castillo. Una fortaleza a la que se puede llegar caminando o en teleférico.

Hay quien lo ha calificado como el castillo más romántico de Alemania y de hecho inspiró a poetas y escritores. A pesar de que buena parte está en ruinas después de que los franceses lo dinamitaran, aún se pueden recorrer algunas de sus estancias. En una de ellas encontramos Gran Tonel, una inmensa barrica en la que caben nada menos que 22.000 litros de vino. Por cierto, está vacía.

Castillo de Heidelberg
Castillo de Heidelberg – Phish Photography

Desde el castillo, además, se contempla una panorámica espectacular de la ciudad y del río. Y mirando hacia las colinas de enfrente casi se puede adivinar el Camino de los Filósofos, un bucólico sendero por un tupido bosque que invita a la reflexión.

Tomar algo en Heidelberg

Aprovechando los dos modos de llegar hasta el castillo, os recomendamos ascender cómodamente en el teleférico y descender dando un buen paseo hasta la zona de Marstall, un espacio que antaño fueron unas viejos arnesales, pero que ahora es el lugar de concentración de numerosos bares donde tomar algo.

“El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir.”

-Mark Twain-

Otro lugar también ideal para beber o comer puede ser la Karlplatz. En esta plaza es un buen lugar para comprender lo que dejó escrito Mark Twain sobre esta hermosa ciudad alemana. Ya que el gran escritor norteamericano estuvo por aquí, y no solo eso, sino que se inspiró en Heidelberg para escribir su obra Un vagabundo en el extranjero.

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