La Dehesa: un ecosistema único de la península ibérica

22 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el geógrafo Daniel Casas
La dehesa representa el bosque característico de la península ibérica. Posee una riqueza natural inmensa y múltiples aprovechamientos.

La vegetación de un lugar depende del clima, del roquedo y del papel que desempeña la acción humana sobre este, entre otras cosas. Estos factores físicos y humanos determinan la diversidad vegetal de cualquier territorio. Concretamente, España cuenta con unas 6 000 especies vegetales distribuidas por todo su espacio geográfico, y la dehesa posee buena parte de ellas.

Lo más natural de la dehesa

En el planeta, la vegetación se distribuye en amplios conjuntos florales calificados como ‘reinos’. Estos, a su vez, están divididos en otros más pequeños, las regiones vegetales.

Dehesa en primavera

La región en la que se enmarca la dehesa abarca prácticamente toda la península ibérica, a excepción de la cornisa cantábrica y de las cumbres más elevadas de las principales cordilleras. En ella, las formaciones vegetales más características son el bosque perennifolio y el matorral.

Cuando empleamos el concepto ‘bosque’, el instinto nos hace imaginar un denso y tupido lugar cubierto por altos y robustos árboles que lo cubren todo sin apenas dejar pasar los rayos de luz. Quizá a ello nos ha acostumbrado el cine internacional.

Pero bien distinta, por ejemplo, es la realidad vigente en la dehesa extremeña. Hoy es un bosque poco denso, formado por árboles de mediana altura, con tronco grueso, rugoso y hoja perenne. Por la situación climática que ocupa, sus ramas crean copas amplias, encargadas de proyectar sombra para mitigar la insolación y la evaporación.

Encinas y alcornoques

Cerdos en un encinar

La encina y el alcornoque son las especies arbóreas dominantes en la dehesa extremeña. La primera, además, presume de ser la especie más representativa de la península ibérica. La encina habita allí donde las diferencias de temperatura son más acusadas, soportando con normalidad las heladas y las sequías prolongadas.

En cambio, el alcornoque necesita cierta precipitación, temperaturas más suaves y suelos silíceos como los que caracterizan esta zona del suroeste peninsular. Esta especie es la más abundante en tierras extremeñas y forma bosques, aunque también aparece mezclada con otras especies de ecología similar.

Hoy en día, la mayor parte de los encinares y alcornocales son bosques huecos donde los ejemplares más o menos aislados todavía quieren recordarnos aquel pasaje de la ardilla que podía recorrer toda la península saltando de árbol en árbol. No obstante, estas dehesas son tal vez el mejor invento o hallazgo del hombre en el campo de la explotación de la naturaleza.

Los variados usos de la dehesa

Alcornoques

La acción humana sido la principal responsable de la reducción del primitivo bosque que tradicionalmente representaba la dehesa. La modificación de este para usos agropecuarios ha consistido en aclarar el bosque con el congruente aprovechamiento agronómico y forestal del fruto, de la leña, de la madera o de la corteza de los árboles.

En la dehesa se han potenciado usos como la práctica de la ganadería y del cultivo y actividades como las cinegéticas. De la encina se podría decir que es tan completa como el cerdo, del que se aprovecha todo. Curiosamente, las bellotas, sus frutos, son las que otorgan a los embutidos ese regusto que los hace tan apreciados. No en vano, el calificativo ‘de bellota’ indica calidad y exquisitez.

Por otra parte, el principal uso del alcornoque es el de su corteza externa o corcho, que se usa para multitud de fines, desde tapones y aislantes hasta la confección de calzado y ropa. Además, constituye una importante alternativa económica para muchas áreas rurales que incorporan explotaciones corcheras.

La dehesa en Extremadura y en la literatura

Paisaje de dehesa

Tal ha sido el talle de la dehesa, que la literatura ha hecho gala de ella en muchas ocasiones, enalteciéndola como nadie. A sus encinas el escritor y filósofo Miguel de Unamuno elogió de esta manera:

“La encina grave
de hoja oscura y perenne
que siente inmoble
la caricia del aire.”

Mientras tanto, los alcornoques se citan hasta en quince ocasiones en El Quijote. Y de ellos, el escritor y diplomático cordobés Juan Valera dedicó estas palabras:

“Entre las jaras, tarajes, lentiscos y durillos, en la espesura de la fragosa sierra, a la sombra de los altospinos y copudos alcornoques, discurren valerosos jabalíes y ligeros corzos y venados…”

Vista la dehesa con tal alabanza, tan solo podríamos esperar su paso solemne por las Sagradas Escrituras:

“Entonces Abram mudó su tienda, y vino y habitó en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí un altar al Señor.”

(Gn 13,18)