Persépolis, la capital del Imperio Aqueménida

· 22 septiembre, 2018
Fue durante años la espectacular y próspera capital del Imperio persa. Abandonada después, hoy sus ruinas nos permiten viajar al pasado.

Persépolis era una antigua ciudad situada en Irán que sirvió de capital al Imperio aqueménida, el primero y más extenso de los imperios de los persas. Actualmente se puede visitar como yacimiento arqueológico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. ¿Nos acompañas en este increíble viaje al pasado?

Breve historia de Persépolis

Palacio de las Cien Columnas en Persépolis
Palacio de las Cien Columnas

Fue Darío I el Grande quien fundara la ciudad en el 518 a.C. con la intención de establecer una nueva capital, que por entonces era Pasargada. El complejo palaciego se emplazó en la parte baja de la formación rocosa del Kuh-e Rahmat y fue ampliado posteriormente por el hijo del rey, Jerjes I, y su nieto, Artajerjes I.

De esta forma, la ciudadela de Persépolis era la residencia real, pero también la capital ceremonial del Imperio persa aqueménida, al celebrarse allí las fiestas de Año Nuevo. Todo cambió con la llegada de Alejandro Magno en 330 a.C., cuando ocupó y saqueó Persépolis, incendiando a su paso el Palacio de Jerjes.

Después de que la ciudad se fuera abandonando en beneficio de su vecina Istajr, quedó reducida a ruinas. Estas empezaron a salir a la luz a partir del siglo XIV, aunque hubo que esperar hasta el siglo XIX para que se produjeran las primeras misiones científicas a Persépolis.

Más recientemente, en 1971 aquí tuvieron lugar varias ceremonias fastuosas con motivo de la celebración de los 2.500 años de la monarquía. A ellas acudieron destacadas personalidades invitadas por el Sah Mohammad Reza Pahlevi, aunque no fueron bien vistas por todos los ciudadanos debido su elevado coste.

El actual yacimiento arqueológico

Puerta de las Naciones de Persépolis
Puerta de todas las Naciones

Ya de entrada, dos enormes figuras de toros alados con torso de hombre y denominadas Iammasus dan la bienvenida a los turistas. Es la famosa Puerta de las Naciones la que recibe al visitante. De inspiración asiria, presenta unas dimensiones monumentales, ya que casi alcanza los seis metros de altura.

Siguiendo con el recorrido, se pueden contemplar los restos de la Apadana, la más imponente construcción de Persépolis, que se utilizaba para las grandes recepciones. Hoy en día, y por desgracia, solo permanecen en pie trece de las setenta y dos columnas que había en el recinto.

Cerca de la Apadana está lo que queda en pie del Salón del Trono o Sala de las Cien Columnas, que servía, entre otras cosas, como almacén real. Y también la Sala del Tesoro, que custodiaba el imponente tesoro procedente de las naciones conquistadas. Esta última consta de dos grandes relieves en piedra en los que se ve a Darío I sentado en su trono.

Se conservan vestigios de otros edificios, como los del Palacio de Darío, el único en tener un acceso al sur por medio de un pórtico. También hay restos del Palacio de Jerjes, que era dos veces más grande que el anterior; y la Sala del Consejo, un palacete situado en el centro de la Persépolis.

“El esplendor de Persépolis no es la contrapartida accidental de la monumentalidad y del fasto, es el producto de la belleza reconocida como valor supremo.”

-Arthur Upham Pope-

El Museo de Persépolis

Vista aérea de Persépolis
Persépolis

Junto al yacimiento arqueológico se encuentra un museo que alberga piezas de un valor incalculable. Destaca una colección de tablillas de escritura cuneiforme, descubiertas durante las excavaciones de 1930 y que permitieron conocer aspectos de la organización del imperio y sus lenguas.

En sus salas también se puede ver una recreación del impresionante palacio de Darío I el Grande, con sus coloridas columnas de madera de cedro, o capiteles tallados y relieves. Sin embargo, la mayoría de los objetos que se recuperaron se exhiben hoy en museos de Londres o de París.

La necrópolis de Nasqsh-e Rostam

Tumba de Artajerjers
Tumba de Artajerjers

Algo más lejos de la antigua Persépolis, a unos diez kilómetros, se puede visitar la necrópolis que alberga los mausoleos escavados en la roca de los reyes que llevaron a la ciudad a su máximo esplendor: Darío I el Grande, Jerjes I y Artajerjers I. Esta necrópolis es la obra cumbre del arte funerario del Imperio aqueménida.

En el lugar destacan de igual modo los bajorrelieves que cuentan la historia del nacimiento de las deidades o la proclamación de los distintos reyes. También hay que mencionar el Templo del Fuego, que cuida del lugar y se encuentra parcialmente hundido en la tierra.