El Parque Nacional de Timanfaya en Lanzarote, una belleza oscura

· 22 junio, 2016

Declarada como Reserva de la Biosfera, Lanzarote es una isla canaria impactante y muy singular. Con infinidad de rincones de extraña belleza, destaca entre ellos el Parque Nacional de Timanfaya, un lugar en el que se percibe a la perfección la intensa actividad volcánica de la isla.

Las Montañas de Fuego

En el siglo XVIII una enorme catástrofe sacudió este extraordinario enclave y cambió la vida de los lugareños que hasta entonces se habían dedicado principalmente a la agricultura. Entre 1730 y 1736 se sucedieron las erupciones volcánicas. La lava devastó todo lo que encontró a su paso, obligando a los aldeanos a refugiarse durante un tiempo en la vecina Fuerteventura.

El día 1 de septiembre [de 1730] , entre las nueve y las diez de la noche, la tierra se abrió en Timanfaya, a dos leguas de Yaiza… y una enorme montaña se levantó del seno de la tierra

-Lorenzo Curbelo, párroco de Yaiza en 1730-

Un siglo después, en 1824, los volcanes volvieron a rugir. Así fue como la imagen de la isla cambió por completo, ya que casi una cuarta parte quedó sepultada por la lava y la ceniza.

Parque Nacional de Timanfaya
Parque Nacional de Timanfaya – SPbPhoto

Sin embargo, la vida resurgió en la zona. Los lanzaroteños pronto se dieron cuenta de la extraordinaria fertilidad de algunos de los terrenos, que comenzaron a dedicar al cultivo de la vid. Mientras, especies vegetales y algunos animales con mayor capacidad de adaptación empezaban a colonizar también estos paisajes.

Parque Nacional de Timanfaya: belleza oscura

La necesidad de preservar una zona única llevó a las autoridades a crear el Parque Nacional de Timanfaya en el año 1974. De hecho, se trata de una zona en la que el hombre prácticamente no ha intervenido.

Para contemplar la extraña belleza del parque, con sus conos volcánicos, sus ríos de lava y sus extensiones de arenas y cenizas se puede realizar un recorrido en autobuses preparados por las autoridades del parque.

Parque Nacional de Timanfaya
Parque Nacional de Timanfaya – deckard_73

Desde estos autobuses se hace una visita de poco más de media hora que permite, sin embargo, admirar la extraña belleza del parque. Son 14 kilómetros que recorren los principales puntos de interés geológico, entre ellos alguno de los 600 volcanes que hay en el Parque Nacional de Timanfaya.

También se puede apreciar cómo en algunas zonas el tono grisáceo del paisaje comienza a cambiar de color por el asentamiento de diferentes especies de líquenes, y es que, aunque parezca mentira viendo el paisaje, en el parque viven 180 especies vegetales.

Actividades variadas para toda la familia

No solo impresiona el paisaje, también comprobar como a apenas unos metros de la superficie las temperaturas superan lo 500º. La demostración la hace personal del parque, que lanza agua por una abertura del suelo. En cuestión de segundos ese agua vuelve a la superficie con fuerza en forma de géiser.

Géiser en Timanfaya
Géiser – cristovao

Y a unos metros, en el restaurante, se puede degustar carne hecha a la parrilla aprovechando ese mismo calor que se desprende de las entrañas de la Tierra. Una deliciosa manera de disfrutar de la actividad volcánica que aún se registra en la zona.

Con el estómago bien lleno y las fuerzas repuestas, aún se puede hacer una actividad que encantará a los niños: un paseo en camello. Un viaje corto, pero tremendamente divertido

Rutas a pie en Timanfaya

Son dos los trayectos que pueden llevarse a cabo caminando. El primero de ellos es la Ruta del Litoral, una senda de nueve kilómetros que puede efectuarse tanto por libre como de la mano de un guía.

Parque Nacional de Timanfaya
Parque Nacional de Timanfaya – Silvia Pascual

Es imprescindible tener en cuenta que es un tramo difícil debido a lo complicado que resulta pasear sobre la lava. Sin embargo, aquellos que deseen poner a prueba su forma física se deleitarán con asombrosos acantilados y playas cubiertas por magma solidificado. Por supuesto, es necesario llevar ropa y calzado adecuados.

El segundo sendero responde al nombre de Tremesana. Este es algo más corto y menos complicado que el anterior. Sin embargo, resulta igualmente ilustrativo para aquellos que estén interesados en observar el enorme impacto que las erupciones tuvieron sobre la isla.

Siempre despierta el entusiasmo y la curiosidad observar como los isleños han aprovechado incluso las condiciones más complicadas para crear campos de cultivo entre la arena y las cenizas volcánicas.