La iglesia ortodoxa de San Pedro y San Pablo de Karlovy Vary

· 29 noviembre, 2018
Nobles y acaudalados de toda Europa pasaban largas temporadas en la ciudad balneario más famosa de la República Checa. Recuerdo de esa época y de los visitantes rusos es esta iglesia.

¿Una iglesia ortodoxa rusa en la región de Bohemia más occidental? Sí, así es. Eso se debe a la cosmopolita historia que atesora la ciudad balneario de Karlovy Vary. Una urbe que debemos apuntar para un próximo viaje a la República Checa. Allí nos esperan esta maravilla constructiva y muchas otras.

Karlovy Vary y sus aguas termales

Karlovy Vary
Karlovy Vary

Las propiedades medicinales de las aguas del río Tepla a su paso por Karlovy Vary son conocidas desde hace siglos. Si bien su explotación en forma de balneario es posterior, la leyenda cuenta que fue un perro de caza de Carlos IV quien las descubrió al ir a beberlas y quemarse con su elevada temperatura.

Aquel hecho legendario las dio a conocer localmente. Pero sería a partir del siglo XVIII cuando el balneario de Karlovy Vary se convirtió en un elegante lugar al que acudía la aristocracia del centro y el este de Europa.

Tras hacerse popular, en la ciudad se construyeron hoteles, casinos, termas y también templos de diferentes creencias. Este es motivo de la existencia de esta iglesia ortodoxa.

La iglesia ortodoxa y el zar

La presencia de la iglesia ortodoxa de San Pedro y San Pablo no es lo único que nos ha legado la presencia de acaudalados rusos en Karlovy Vary. Por ejemplo, uno de los paseos más habituales es el que lleva hasta Petrova Visina.

Se trata de un saliente rocoso que se eleva sobre la ciudad, y cuyo nombre recuerda al zar Pedro el Grande. Este personaje pasó una temporada aquí a comienzos del siglo XVIII. En este lugar se trató de sus achaques y se cuenta que una vez curado llegó a subir hasta este mirador cabalgando sin llevar el caballo ensillado.

Como una iglesia ortodoxa de Moscú

Iglesia ortodoxa de San Pedro y San Pablo en Karlovy Vary
Exterior de la iglesia

Posiblemente en tiempos de Pedro el Grande ya hubiera algún otro templo ortodoxo en Karlovy Vary, pero no el que ahora nos interesa de San Pedro y San Pablo. Para que se construyera hubo que esperar hasta finales del siglo XIX.

Y aunque el arquitecto fue checo, lo cierto es que los pacientes y huéspedes afincados por largas temporadas en el balneario le influyeron para que la inspiración se buscara en la Madre Rusia. Concretamente, el diseño se basó en la iglesia ortodoxa bizantina de Oskantino, muy cerca de la entonces capital imperial, Moscú.

Pero como ya hemos dicho, el arquitecto era checo. Se llamaba Gustav Widemann y era originario de la vecina población de Frantoskovy Lazne. Una localidad que junto al propio Karlovy Vary y Marianske Lazne forman el triángulo de balnearios de Bohemia. Un conjunto histórico y artístico excepcional.

Dónde está la iglesia de San Pedro y San Pablo

Iglesia ortodoxa de Karlovy Vary
Cúpulas de la iglesia – Tomi Knuutila / Flickr.com

La construcción de la iglesia ortodoxa tuvo lugar entre 1893 y 1898. Era uno de los periodos más esplendorosos de la ciudad y de toda la región. Fue entonces cuando surgió el barrio residencial de Westend donde se halla el templo.

De hecho, en esa época se construyó en la zona un buen muestrario de edificios de art nouveau, que siguen manteniéndose.

Lo que no ha llegado a nuestros días es la sinagoga que también hubo en esta área de Karlovy Vary. Otro templo que manifestaba el cosmopolitismo de la ciudad, pero que en este caso fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial.

Visitar la iglesia

Cúpulas de la iglesia ortodoxa de Karlovy Vary
Cúpulas de la iglesia – Donald Judge / Flickr.com

Actualmente, la iglesia ortodoxa de San Pedro y San Pablo sigue abierta al culto. Y, por supuesto, se puede visitar como meros turistas. Desde luego la decoración interior es sobrecogedora, como suele ocurrir en los templos de esta religión. Y si hubiera que destacar algo, tendríamos que mencionar el iconostasio.

Y respecto al exterior, la verdad es que al estar rodeada de edificios y arbolado, no es fácil admirarla de un modo global. Para ello hay que darse un paseo hasta el conocido como mirador de Diana.

Desde ahí es como mejor se admiran sus cinco cúpulas bulbosas de reluciente color dorado. Un brillo que todavía llama más la atención con el tono del resto de la piedra y la decoración con pintura azul. Una imagen de lo más atractiva y que no te puedes perder si visitas esta ciudad de Chequia.