Fronteras y coronavirus, en la mente de todos

04 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el geógrafo Daniel Casas
La crisis del coronavirus ha reactivado el significado más radical del concepto frontera. Las fronteras nos separan, pero a la vez nos protegen.
 

La expansión del coronavirus ha hecho que se hable continuamente de fronteras. La RAE define el concepto ‘frontera’ como “la línea que marca el límite exterior del territorio de un Estado, entendido como el espacio terrestre, marítimo y aéreo sobre el que ejerce su soberanía, lo que permite hablar de fronteras terrestres, marítimas y aéreas en función de la naturaleza física del espacio delimitado”.

Resulta desconcertante tener que recurrir al concepto ‘frontera’ cuando en los últimos tiempos parecía algo nebuloso, desdibujado e incluso confuso para muchos. El impacto que el coronavirus está ejerciendo en estos momentos sobre la sociedad en su conjunto nos ha llevado a desempolvar algo que desde los últimos 30 o 40 años nos parecía más o menos indiferente.

Cuando la amenaza de un virus hasta el momento incontrolado, desconocido y, sobre todo, impetuoso nos toca de cerca, saltan las alarmas. Con ello se activa la maquinaria encargada del cierre de fronteras, desde la más amplia hasta la más pequeña, trazada en el lugar más íntimo de nuestros hogares.

Fronteras eternas

Vista aérea de los Andes

La geografía ha sido la encargada de dar sentido al concepto ‘frontera’ desde tiempos ancestrales. Los accidentes del relieve como cordilleras, ríos, mares y océanos se han encargado desde los primeros atisbos de civilización de decidir hasta dónde llega lo tuyo y dónde comienza lo mío.

 

Por poner algún ejemplo, el Himalaya, la cordillera más elevada del mundo, se ha encargado de separar las vastas e inmensas tierras rusas de la peculiar India. De la misma manera, el Cáucaso marcó y sigue marcando la división entre Oriente y Occidente.

Si bajamos de nivel ocurre lo mismo con los Pirineos entre Francia y España o con el Duero, el Tajo y el Miño entre esta y Portugal. Al fin y al cabo, son fronteras, naturales sí, pero fronteras. ¿Habrá sido pues la geografía responsable de la fiebre por las fronteras?

Fronteras históricas

Frontera

Según se ha configurado la geografía, se ha ido escribiendo la historia. Tanto es así, que los docentes saben que son disciplinas necesariamente complementarias. Y si nos remontamos a tiempos de Carlomagno, nos daremos cuenta lo poco que ha cambiado la percepción de lo que hoy representan las fronteras.

Allá por el siglo VIII, el intruso que pretendía cruzar el límite meridional de los francos –los Pirineos– eran los musulmanes. Estos representaban una nueva civilización con base religiosa en Arabia y se habían expandido fugazmente por todo el Mediterráneo. Los francos fueron hábiles estableciendo sus ‘marcas’ y frenando su avance hacia el norte.

 

Si avanzamos en el tiempo y cambiamos de continente, observaremos que ocurrió lo mismo con las trece colonias americanas que formaron los primitivos Estados Unidos. Confinadas entre el Atlántico y los montes Apalaches, tuvo que llegar la emancipación para desposeerlas del apretado corsé que las impedía avanzar hacia las tierras del Mississippi.

Por aportar un ejemplo más cercano en el tiempo y en territorio: nuestra propia división autonómica también responde a razones geopolíticas. Así, el sistema Central divide las dos Castillas, Sierra Morena constituye la puerta de Andalucía y la cordillera Cantábrica actúa como divisoria entre meseteños y astures, cántabros y vascos.

Hoy es el coronavirus, una pandemia geopolítica, la que nos tiene confinados tras el cierre de fronteras. Incluso la propia división autonómica, provincial y municipal también constituyen jalones para frenar el avance de esta afección silenciosa.

Fronteras: más vivas que nunca por el coronavirus

Pasaporte ante elcierre de fronteras por coronavirus

Las fronteras han adquirido estos días más sentido que nunca, sobre todo cuando se trata de salvar vidas y proteger la salud de las personas. Evidentemente, muchas veces no actúan como debieran, pues disipan los sueños de quienes aspiran a un mundo mejor.

 

Hoy las fronteras nos ayudan a evitar que este enemigo común coja fuerza, se cuele en lo que es nuestro y logre desestabilizarnos. Y para ello contamos con el respaldo de la ciencia y de las autoridades sanitarias.

Esperemos que el hecho de haber desempolvado este concepto usado hoy por todos sea un pequeño paréntesis cuyo fin sea el que anhelamos desde cualquier parte del mundo: la derrota del COVID-19. Aún nos quedan muchas fronteras por derribar y mucho camino por recorrer.