Fronteras sorprendentes, curiosas o impresionantes

Vamos a conocer algunas fronteras singulares. Unas separan, otras unen. Y no en todas tiene que ver la mano del hombre.

A veces las fronteras las marca el hombre, a veces la naturaleza. Hay fronteras que separan y otras que perecen unir. Fronteras que se han convertido en atracciones turísticas o en retos que conquistar. Y hay otras fronteras que, simplemente, son curiosas y hasta absurdas. De todas ellas vamos a hablar.

Fronteras con magia

Cataratas del Iguazú en Brasil
Cataratas del Iguazú – R.M. Nunes

Pocas cosas hay que hechicen más que las cataratas. Y en el mundo hay varias que hacen de frontera: Iguazú entre Brasil y Argentina; Victoria entre Zambia y Zimbabue; Niágara entre Estados Unidos y Canadá; o Detián entre China y Vietnam. Todas espectaculares. Y, por cierto, merece la pena verlas desde cada uno de los países que separan.

Fronteras naturales interminables

Arribes del Duero
Arribes del Duero – oscardodo / Flickr.com

El agua es también protagonista de estas fronteras, pero en este caso hablamos de ríos cuyo cauce discurre sin sobresaltos. Ejemplos hay muchos: El Duero entre España y Portugal; el Rhin entre Francia y Alemania; el Amazonas entre Colombia y Perú; o el Mekong entre Myanmar, Laos y Tailandia.

Lagos… y algo más

Mar Muerto
Mar Muerto – Nickolay Vinokurov

También hay lagos fronterizos, lagos de todos los tamaños y con aguas compartidas. Por ejemplo, el lago Mayor entre Italia y Suiza; el Tanganica entre Tanzania, República Democrática del Congo, Burundi y Zambia; y, con algo más de categoría, el mar Muerto, entre Israel y Jordania.

Fronteras de altura

Valle de Ordesa en el Pirineo
Pirineos oscenses – 1tomm

Nos elevamos muchos metros, porque también hay espacios fronterizos que nos obligan a mirar al cielo. Los Pirineos separan Francia y España; los Andes, Argentina y Chile; y el monte Everest está justo en la frontera entre China y Nepal, de hecho, el Himalaya es la frontera natural más espectacular del planeta.

Cultura que une

Biblioteca Haskell
Biblioteca Haskell – Kris / Flickr.com

Una sencilla línea en el suelo lo marca. La biblioteca de Haskell está entre dos países, Estados Unidos y Canadá. Una curiosa frontera que no lo es, ya que el edificio se levantó con toda la intención del mundo a principios del siglo XX para simbolizar la unión cultural entre ambos países. Pero no hay que despistarse, en cada lado de la línea rigen las leyes correspondientes a cada nación.

Un pueblo ¿dividido?

Fronteras sorprendentes: Baarle
Baarle – Dan / Flickr.com

En este caso, la frontera no cruza un edificio, sino muchos. Y es fácil verlo, solo hay que seguir la marca que recorre y cruza esta localidad… o localidades. A un lado de la línea, Baarle-Nassuau (Países Bajos), al otro Baarle-Hertog (Bélgica). Esa particular señal fronteriza se va perdiendo en el interior de las casas. ¿A qué país pertenecen? Fácil, a aquel que señale la puerta de entrada.

 Una frontera con historia

Muralla de Adriano
Muralla de Adriano – Steve Cottrell / Flickr.com

Ya en tiempos del Imperio romano se marcaron fronteras para proteger territorios. Es el caso de la muralla de Adriano. Una espectacular infraestructura de la que aún quedan restos y que separa Inglaterra y Escocia de este a oeste de la isla. Tenía 117 kilómetros de longitud, un grosor de alrededor de 3 metros y una altura que superaba también los tres metros.

Superando fronteras

Puente de Oresund
Puente Oresund – Daniel4021 / Pixabay.com

Aunque Dinamarca y Suecia casi se rozan, las aguas del mar Báltico han hecho siempre de frontera natural. En este caso se decidió sortear esa barrera. ¿Cómo? Tendiendo puentes, y nunca mejor dicho. El puente de Øresund se inauguró en el año 2000 y sus casi ocho kilómetros unen ambos países. Se puede cruzar en coche y también en tren.

Separación física ¡y temporal!

Islas Diómedes
Islas Diómedes – Dave Cohoe / commons.wikimedia.org

Acabamos en las Diómedes, dos pequeñas islas situadas en el estrecho de Bering, una pertenece a Rusia, la otra a Estados Unidos. No solo hace de frontera el canal de agua que las separa. Hay otra: la diferencia horaria. Entre estas dos islas pasa la línea internacional de cambio de fecha. Así, mientras en una son las 9 de la mañana del sábado, en la otra son las seis de la mañana del domingo. Aquí sí puedes viajar en el tiempo.

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