La catedral de Bruselas, una joya del arte gótico

Armando Cerra 13 diciembre, 2017

La catedral de Bruselas es uno de los edificios más grandes, contundentes y hermosos de todo el centro histórico de la ciudad. Una gran obra que nos traslada a la época medieval, concretamente a los tiempos del arte gótico, cuando comenzó a construirse, allá por el siglo XIII. En ese momento esta ciudad, más que la capital de Europa, era un importante cruce de caminos entre el norte y el sur del continente.

Un poco sobre la historia de la catedral de Bruselas

Nave central de la catedral de Bruselas
Nave central – Rahul Verma / Flickr.com

Lo primero que hemos de decir es que este templo no siempre ha sido una catedral. De hecho, hasta el año 1961 tuvo un rango inferior, y era la Colegiata de San Miguel y Santa Gúdula. Pero cuando en ese año se fundieron las diócesis de Bruselas y de Malinas, la iglesia se convirtió en catedral, o sea, sede del obispado. Algo bien merecido si tenemos en cuenta su larga historia y sus imponentes dimensiones.

La catedral de Bruselas nos puede recordar a otras grandes catedrales francesas como las de Notre Dame en París, la de Reims o la de Amiens, y es que se comenzó a construir por los mismos años. En concreto, los trabajos se iniciaron en 1226, pero la construcción no acabó hasta mucho más tarde, ya que las dos grandes torres de su fachada no se concluyeron hasta el siglo XV.

La entrada solemne de la catedral de Bruselas

Fachada dela catedral de Bruselas
Fachada principal – Jim Nix / Flickr.com

La imagen más emblemática de la catedral bruselense es desde la plaza de Sainte Gudule. Una de las plazas más amplias del casco histórico de la capital. Ya que no hay que olvidar que este monumento forma parte del núcleo antiguo de Bruselas, y a corta distancia hay otros grandes atractivos como la Grand Place o las famosas Galerías Reales Saint Hubert.

En fin, desde la plaza es como mejor se puede admirar su fachada principal, con sus altas torres y la portada mayor del templo. Por cierto, para acceder a esta puerta es necesario subir una elegante escalinata, que todavía le proporciona más grandiosidad al conjunto.

Todo ello son unos preámbulos ideales para adentrarnos en el interior de una iglesia que desde el primer momento nos va a sobrecoger por su tamaño, ya que sus naves se prolongan durante más de 100 metros y alcanzan una altura cercana los 30.

“La arquitectura, de todos los artes, es la que actúa más lentamente, pero seguramente la que más en el alma.”

-Ernest Dimnet-

La luz de la catedral de Bruselas

Interior de la catedral de Bruselas
Interior de la catedral – Jim Nix / Flickr.com

Si el exterior es espectacular, lo cierto es que al adentrarnos para recorrer sus tres naves, esas sensaciones iniciales se multiplican. Para empezar, por su sencillez constructiva, porque toda su estructura está basada en sus recios pilares cilíndricos y sus arcos apuntados. Un sistema que permite la apertura de grandes ventanales. Y en ellos reside parte de la magia de este templo.

Muchas de estas ventanas, sobre todo en el coro, la parte trasera de la fachada o en la cabecera de la catedral tienen unas estupendas vidrieras, cuyo colorido dota de una atmósfera especial al recinto. Solo por ver esas vidrieras de diferentes épocas, ya merece la pena entrar a esta iglesia.

Más arte en el interior de la catedral de Bruselas

Púlpito de la catedral de Bruselas
Púlpito – Steve Cadman / Flickr.com

Además de esa luz, hay otros detalles artísticos que llaman poderosamente la atención durante el recorrido. Entre ellos destacan las grandes esculturas barrocas de los doce apóstoles que adornan los pilares de la nave central. Y también propio del arte barroco es el recargado púlpito que aparece hacia la mitad de la zona de oración.

Y si eso nos los encontramos en el centro de la catedral de Bruselas, también es recomendable darse un paseo por sus naves laterales, donde se abren las diferentes capillas.

No obstante, las capillas más hermosas y valiosas desde un punto de vista artístico las verás en la zona del coro. Allí están la capilla de la Liberación o la Capilla Maes. Pero si hay un lugar que sobresale es la impresionante la capilla del Santísimo Sacramento, que en sí misma aloja el llamado Tesoro de la Catedral, con obras artísticas y litúrgicas de primer nivel.

Fotografía de portada: Yabby

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