Anton van Dyck: disfrutamos con sus mejores obras

· 6 mayo, 2018
Van Dyck fue uno de los grandes pintores flamencos del Barroco. Un artista especializado en retratos, aunque también realizó otro tipo de trabajos.

El pintor Anton van Dyck (1599-1641) es uno de los más grandes pintores holandeses del arte barroco. Un periodo en el que los Países Bajos fueron extraordinariamente fecundos en artistas de primerísimo nivel como Rembrandt, Hals, Vermeer o Rubens, del que el propio Van Dyck fue discípulo.

Y si bien aprendió mucho de ese gran maestro, la verdad es que Van Dyck tuvo una personalidad más que destacada y se convirtió por sí solo en uno de los grandes retratistas de su tiempo. Un arte que practicó no solo en su tierra natal, sino en diferentes lugares de Europa. Especialmente en Inglaterra, donde pasó muchos años y donde falleció.

Van Dyck, un artista viajero

Autorretrato de Van Dyck
Autorretrato – Wikimedia Commons

Ya en su Amberes natal, el joven Anton van Dyck pronto fue considerado un niño prodigio y comenzó tempranamente su formación artística. Con solo 17 años comenzó a trabajar junto a Rubens, quien lo consideró su mejor alumno.

Con esos avales no es extraño que le surgieran encargos y pronto viajara por toda Europa. Especialmente por Italia, donde culminó su formación viendo las obras de los clásicos.

También lo hizo por Inglaterra, de hecho, se estableció en Londres de forma definitiva en 1632. Allí trabajó para los más importantes personajes de su tiempo realizando algunas de sus obras más relevantes.

Los retratos del rey Carlos I de Inglaterra

Triple retrato de Carlos I de Van Dyck
Triple retrato de Carlos I – Wikimedia Commons

Entre los personajes que pintó en numerosas ocasiones en su Londres adoptivo aparece el rey inglés Carlos I. En realidad, Carlos I Estuardo se convirtió en su principal mecenas, y por ello el pintor lo retrató a lo largo de los años y en diferentes actitudes. Desde retratos familiares, hasta otros ecuestres o cazando.

Otros retratos de aristocracia británica

Pero durante sus años de estancia en Inglaterra no solo pintó al rey y a su familia. Para él posaron gran parte los miembros de la corte.

Fue tan alto el número de encargos que recibía, que tuvo que montar un taller que le ayudará en esa faena. Si bien su genialidad queda patente en algunas de estas obras como en el Retrato de Carlos Ludovico y Rupert, o en el Retrato de Thomas Wentworth, primer conde de Strattford.

“Usas un espejo de cristal para ver tu cara; usas obras de arte para ver tu alma.”

-George Bernard Shaw-

Obras de temática religiosa

El emperador Teodosio y san Ambrosio de Van Dyck
El emperador Teodosio y san Ambrosio – Wikimedia Commons

Aunque es cierto que Van Dyck ha pasado a los libros de historia del arte como un fabuloso retratista, no es menos cierto que trabajó otros géneros a lo largo de su carrera. Y dadas sus extraordinarias cualidades para la pintura, también generó obras muy interesantes de otras temáticas, como por ejemplo en el arte religioso.

De hecho, sus comienzos fueron realizando pinturas religiosas. Y durante toda su vida siguió aceptando este tipo de encargos. No obstante, quizás su obra de carácter sagrado más destacada es El emperador Teodosio y San Ambrosio, de 1620, una obra que personifica el pecado mediante el emperador y la piedad con la presencia del santo.

Pinturas mitológicas

Otro grupo de pinturas interesantes, aunque mucho menos abundantes que los retratos y las obras religiosas, son aquellas en las que se dedica a plasmar episodios mitológicos. Y entre todas ellas podemos nombrar Amor y Psique.

En esta obra aplica toda su capacidad pictórica natural, pero eso sí influida por todo lo que había visto durante los años anteriores en Italia, especialmente en las obras de su admirado Tiziano.

Van Dyck y su maestro Rubens

Retrato de Isabel Brant
Retrato de Isabel Brant – Wikimedia Commons

Es innegable que el paso por Italia dejó una huella indeleble en el arte de Van Dyck. Pero entre todos los pintores que le influyeron a lo largo de su vida, ninguno tuvo tanta repercusión como los años que pasó con Rubens, quien fue su maestro y su mentor, lo que le abrió las puertas para conseguir muchos clientes en Europa.

Pero mantuvieron una relación que fue más allá de sus vínculos profesionales. Se convirtieron en amigos, e incluso un joven Van Dyck fue capaz de hacerle un retrato a Isabel Brant, primera esposa de Rubens, que después regaló a su maestro.

No obstante, las malas lenguas cuentan que Rubens fue el primero que vio el gran talento de su alumno, y descubrió que iba a ser un gran rival en el futuro. Por eso, se encargó de facilitarle la salida Amberes y los encargos fuera de los Países Bajos, pero no por amor al arte, sino para quitárselo de su camino.

En fin, cosas de celos y rivalidades entre artistas de las que tantos ejemplos hay a lo largo de la historia.