La Abadía de Kylemore en Irlanda, sorprendente descubrimiento

La Abadía de Kylemore es un espacio tan peculiar como poco conocido. Esta abadía irlandesa es algo más que un lugar con historia. Aunque no es muy larga su vida para los estándares del viejo continente, tan solo unos 150 años, ha vivido con bastante intensidad.

Historia de la Abadía de Kylemore

La historia de esta abadía comienza cuando una pareja de Manchester de luna de miel se fue a Irlanda. Mitchell y Margaret Henry llegaron a un terreno que en su época era un coto de caza. Allí solo había una pequeña construcción, Kylemore Lodge.

Abadía de Kylemore en Irlanda
Abadía de Kylemore – Jan Miko

A Margaret le gustó tanto Connemara que su marido, cuando recibió la herencia de su padre, abandonó la carrera de cirujano. Luego adquirió 6.000 hectáreas del terreno con su lago, bosques, etc. Así, para finalizar, le hizo un magnífico regalo: un precioso castillo que se construyó entre 1867 y 1871.

Construir Kylemore en una zona de terrenos salvajes fue una gran obra. Se usó la máxima tecnología de la época y no se reparó en gastos. El jardín victoriano amurallado era el más grande de Irlanda. Existían 21 invernaderos calentados por tuberías de agua.

En 1893 el castillo era capaz de generar su propia hidroelectricidad, usando el agua del lago Touther. Kylemore en su tiempo tenía hasta su propia brigada de bomberos. Además, este matrimonio era bastante generoso. Tuvo a unos 300 trabajadores viviendo en su terreno, pagándoles más que a la media por su trabajo. Y fundaron una escuela para sus hijos, por lo que eran muy apreciados.

Abadía de Kylemore
Abadía de Kylemore – Cenz07

Esta pareja tuvo nueve hijos y fueron felices. Así hasta que en 1.874 Margaret, a la vuelta de un viaje a Egipto, enfermó de disentería y falleció. Entre 1.877 y 1881 su viudo construyó una catedral en miniatura. Fue una pequeña iglesia neogótica en la cual las gárgolas y animales extraños eran sustituidos por ángeles sonrientes, pájaros y motivos florales.

“El más difícil no es el primer beso sino el último.”

– Paul Géraldy –

El fin de los Henry

A la muerte de Mitchell, en 1910, sus cenizas se llevaron a Kylemore y se echaron con los restos de su difunta mujer. Pero antes de morir Mitchell Henry había vendido el castillo a sus amigos los duques de Manchester.

Abadía de Kylemore en Irlanda
Abadía de Kylemore – cc-by-sa / commons.wikimedia.org

En esa época, Eduardo VII, el rey de Inglaterra, visitó el castillo junto a la reina y la princesa Victoria. Existe el rumor de que el monarca tuvo intención de adquirir el lugar. Pero al final pensó que era muy caro incluso para un rey.

El duque de Manchester era un adicto al juego. Así pues, no tardó en arruinarse después de la compra. Por ello el castillo pronto pasó a manos de un especulador de Londres. Parecía que después de morir Margaret, el lugar sufría una maldición.

El castillo pasa a ser la Abadía de Kylemore

Abadía de Kylemore
Abadía de Kylemore – Izabela Miszczak

El castillo acabó convirtiéndose en la Abadía de Kylemore. Sucedió cuando una comunidad de monjas belgas de la orden benedictina llegó en 1920. Lo compraron después de que la abadía de Ypres en Flandes fuera bombardeada por los alemanes en la Primera Guerra Mundial.

Las monjas emprendieron una profunda restauración de la totalidad de espacios de Kylemore. En el caso del castillo, fue muy retocado por los duques. Así la iglesia gótica, y un jardín finalmente volvían a lucir como en su pasado.

La Kylemore Abbey School

Esta comunidad benedictina abrió sus puertas en 1923. Lo hizo siendo un internado para niñas que no tardó en atraer a las hijas de la nobleza irlandesas. Después hizo lo propio con las hijas de famosos y famosas de todo el mundo. Entre sus alumnas más reconocidas están Angelica Houston y las princesas de India, hijas del Marajá Ranjit.

Abadía de Kylemore
Abadía de Kylemore – Lukasz Pajor

En 2010 se hicieron los últimos exámenes finales de un colegio que actualmente está cerrado. Pese a ello, la comunidad benedictina sigue viviendo ahí, en espacios, eso sí, cerrados a las visitas turísticas.

Actualmente se pueden visitar los espacios abiertos al público. Es el caso de los salones en los que vivieron los Henry, duques de Manchester y las monjas. También la iglesia gótica y el mausoleo de los Henry, así como el imponente jardín victoriano amurallado, de los pocos que existen al que podemos llegar en autobús o paseando unos 20 minutos.

En el castillo hay un audiovisual, o podemos dar un paseo guiado en el que se relata la historia, así como hacer unas rutas por las montañas de Kylemore, pudiendo llegar hasta la estatua del Sagrado Corazón y visitar el valle de Kylemore o los lagos de Connemara. Un lugar como decíamos al principio de no mucha historia, pero sí muy ajetreada.

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