4 razones para visitar Sofía, la capital de Bulgaria

Juan Luis Minarro 19 diciembre, 2017

Sofía no es solo la capital de Bulgaria, es la ciudad más grande del país y una de las más viejas del continente europeo. En sus calles se entrelazan la cultura, la historia y el arte. Y es que por ella han pasado diferentes civilizaciones dejando su impronta.

En Sofía resulta muy cómodo pasear por sus calles y deambular por sus barrios. Es obligatorio hacer una parada en el bulevar Tsar Osvoboditel, totalmente asfaltado de piedras del color del oro que llaman poderosamente la atención de los peatones. Pero hay mucho que ver y hacer en la capital de Bulgaria, estas son solo algunas sugerencias.

1. Los enclaves clásicos de la capital de Bulgaria

Teatro Nacional Ivan Vazoy en Sofía
Teatro Nacional Ivan Vazoy – Ava Babili

Sofía tiene mucho que ofrecer al visitante, que se sorprenderá casi en cada esquina. Para empezar el recorrido, se puede hacer una parada en la plaza Banski. Allí se localiza la mezquita de Banya Bashi, con su cúpula de color azul y su minarete que le dan un aspecto de lo mas atractivo. Por algo fue construida por uno de los arquitectos turcos mas relevantes.

En la misma explanada se pueden admirar los antiguos baños públicos de la ciudad. Y se debe también contemplar el cambio de guardia en el Palacio Presidencial.

Continuando con el itinerario, lo siguiente es admirar las obras de arte del Museo Arqueológico Nacional. Al salir se puede hacer parada en uno de los más bonitos parques que hay en la capital de Bulgaria, nos referimos al City Garden. Así mismo, también hay que deleitarse al contemplar la maravillosa fachada roja del Teatro Nacional Ivan Vazoy.

“El viajero ve lo que ve, el turista ve lo que ha venido a ver.”

-Gilbert Keith Chesterton-

2. La espectacular Iglesia de la Libertad

Catedral Alexander Nevsky en Sofía
Catedral Alejandro Nevsky – Ava Babili / Flickr.com

La catedral Alejandro Nevski es de una asombrosa belleza. Al penetrar en ella se comprueba que su interior es también un lugar lleno de esplendor. Caminar por los alrededores es muy gratificante, porque desde cualquier ángulo se puede disfrutar de la belleza de sus imponentes cúpulas doradas y verdes y de sus descomunales dimensiones.

Es uno de los templos ortodoxos de mayor tamaño en todo el planeta. Fue edificado en honor a Alejandro II de Rusia el Libertador. Como dato curioso, cabe comentar que este zar fue el que vendió Alaska a los EE.UU. Bajo su techo destacan sus vidrieras y murales. Así como sus imponentes columnas y su techo abovedado. De este cuelgan poderosas lámparas de cristal perfectamente tallado.

También es posible adentrarse en la cripta. Un lugar en el que se puede disfrutar de una maravillosa y rica colección de iconos.

3. El formidable monte Vitosha

Monte Vitosha en Sofía
Monte Vitosha – Suhopese / Flickr.com

Desde toda la ciudad se puede apreciar una formidable cima que vigila a sus habitantes. Se trata del monte Vitosha, a cuya cumbre se puede acceder mediante teleférico. Desde arriba se pueden contemplar unas fabulosas vistas de la capital de Bulgaria. En su mirador no solo se disfruta de una panorámica de infarto, sino también de un aire puro y limpio.

Hasta aquí se acercan cada invierno aficionados al esquí dispuestos a descender sus pistas. Debemos recordar que en este lugar se encuentra la estación de Aleko, uno de los focos turísticos más importantes en deportes invernales.

Antes de ascender, también se puede hacer una visita a la iglesia de Boyana. Antiguamente fue una escuela de escritores y tuvo gran relevancia en el movimiento por la liberación del pueblo búlgaro. En su interior, decorando sus paredes, nos toparemos con unos hermosos frescos de arte medieval.

4. Lo mejor de la gastronomía búlgara

Sopska, plato de Bulgaria
Sopska – Emi Popova / Flickr.com

Resulta altamente sorprendente la gran variedad de productos de la gastronomía del país. En Sofía se puede disfrutar de la reina de las ensaladas, el apelativo dedicado a la shopska. Su elaboración se basa en productos frescos de la huerta. Siempre acompañados con un rico queso búlgaro. Para refrescarnos nada mejor que tomar una rica sopa fría o tarator, llena de vitaminas.

Y no podemos marcharnos sin antes haber probado el yogurt griego. Cuyo origen, curiosamente, es búlgaro. El doctor Stamen Grigoroff fue quien descubrió la bacteria que lo contiene.

Se elija la comida que se elija, conviene regarla con alguno de los típicos vinos y bebidas locales. Todos ellos especialmente agradables al paladar. La rakia es ideal para el invierno, puesto que se sirve caliente. El buen sustento y los ricos néctares nos esperan en Sofía.

Fotografía de portada: Ava Babili

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