Un viaje en el tren centenario de Palma a Sóller

Armando Cerra 1 abril, 2018
Un viejo tren eléctrico, unos paisajes maravillosos y dos ciudades con encanto. Es lo que permite descubrir este singular recorrido.

Hoy os queremos hablar de una actividad turística en la que no es tan importante el destino como el desplazamiento en sí mismo. Os proponemos viajar en un viejo tren eléctrico que une Palma de Mallorca con la localidad costera de Sóller, al noroeste de la isla. Un tren que desde hace más de 100 años recorre parte de la sierra de Tramuntana.

¡Viajeros al tren!

Tren de Sóller
Tren de Sóller – Anna Lurye

Palma de Mallorca, con su esplendorosa catedral gótica, el palacio de la Almudaina, los patios palaciegos de su casco histórico o su concurrida Plaza Mayor es un lugar de por sí monumental. Pero entre esos monumentos también hay que acercarse hasta la estación del ferrocarril de Sóller, junto a la plaza de España.

Ese edificio se construyó ex profeso para los viajeros de esta línea férrea, que comenzó a funcionar ni más ni menos que en el año 1912. Y, todavía hoy sigue en uso con varios trayectos diarios que salvan los escasos 30 kilómetros de distancia entre Palma y Sóller. Eso sí, invirtiendo en cada viaje una hora de trayecto por el corazón de la mayor de las islas Baleares.

“Lo que importa es el viaje, no el destino.”

-T. S. Eliot-

El placer del tren a Sóller

Tren de Sòller
Antonio Gil / Flickr.com

La cuenta no puede ser más sencilla, el tren viaja a 30 kilómetros por hora. Una velocidad muy reducida, pero ideal para viajar con deleite, con las mismas sensaciones que se hacía en otros tiempos. Un ritmo pausado en el que uno se puede asomar a la ventanilla del tren y contemplar el panorama con total tranquilidad, mientras siente la brisa de la sierra.

Pero no solo la velocidad del ferrocarril a Sóller es propia de otra época, todo el tren lo es. Su mobiliario de madera, el tapizado de los asientos, sus apliques de porcelana, sus tiradores de latón, sus puertas correderas… Un tren como el que se ve en las películas, pero que aquí podemos vivir en primera persona y realizar nuestro particular viaje en el tiempo.

Recorriendo la sierra de Tramuntana

Tren de Sóller
Matthias Buehler / Flickr.com

Antes de que se abriera la vía férrea, los habitantes de Sóller tenían un largo y tortuoso trayecto por la sierra cuando querían viajar hasta la capital de la isla. Una sierra la de Tramuntana que no tiene picos a grandes alturas, pero sí que posee un paisaje quebrado y revirado que hace que las carreteras supongan desplazamientos larguísimos.

Hoy en día, esas características para ir en coche se convierten en una tortura. Pero en cambio, son caminos ideales para recorrerlos en bicicleta de la que tanta afición hay en la isla de Mallorca.

No obstante, la forma más cómoda de recorrer el relieve de la sierra de Tramuntana es hacerlo en este Ferrocarril de Sóller, que traza el camino en línea recta y que permite visualizar tranquilamente lo accidentado del terreno.

E incluso, todos los trayectos del tren hacen una parada en el corazón de esa sierra. De este modo los viajeros pueden bajarse durante unos minutos en el mirador des Pujol d’en Banya y así admirar aún más esos parajes.

Llegada a Sóller

Tren de Sóller
Gerard – Nicolas Mannes / Flickr.com

Tras atravesar el paisaje serrano, por fin se vuelve a ver el mar Mediterráneo a lo lejos, y es que allí nos está esperando la población de Sóller. En ella es muy recomendable darse un paseo por su núcleo histórico, donde destaca el Museo Ca’n Prunera, con un edificio prácticamente contemporáneo del tren y de una arquitectura de inspiración modernista.

Pero hay que decir que Sóller no está en la misma orilla del mar. Como es habitual en otras poblaciones mallorquinas como la Alcudia, por ejemplo, la zona marítima dista unos kilómetros y se denomina Port de Sóller.

Por fortuna para llegar hasta ahí, el mismo billete del tren nos puede valer para tomar un tranvía en la propia estación ferroviaria. Este tranvía también es centenario e igualmente eléctrico, además de ser el único en su género que existe en la isla balear.

Así que se convierte en el complemento ideal de este singular viaje, en el que como decíamos al principio lo más importante no es el destino, sino el moverse, viajar y disfrutar del desplazamiento.

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