La travesía de los Andes, un viaje épico

Edith Sánchez·
16 Abril, 2020
La travesía de los Andes tiene que ver con un famoso accidente aéreo que tuvo lugar en 1972 entre Chile y Argentina, y que mostró que el ser humano es capaz de sobrevivir en las circunstancias más adversas.
 

La travesía de los Andes fue un viaje épico que sorprendió por el heroísmo de sus protagonistas y la lucha por sobrevivir. Se trata de una tragedia aérea que dejó 29 fallecidos y 16 sobrevivientes, quienes estuvieron durante 72 días en un glaciar. El lamentable siniestro le ocurrió al equipo uruguayo de rugby Old Christians, en 1972.

La valentía y la esperanza del grupo hicieron posible el feliz rescate, considerado como una proeza. La mayor hazaña la lograron dos de los sobrevivientes, quienes atravesaron la agreste cordillera de los Andes para  ser rescatados. A continuación, te invitamos a conocer la sorprendente historia de la travesía de los Andes, un viaje épico.

Las fallas y los momentos previos al accidente

El fatídico accidente aéreo ocurrió el viernes 13 de octubre de 1972, en el avión Fairchild Hiller FH – 227 de la fuerza aérea uruguaya. Este transportaba a 5 tripulantes y 40 pasajeros, entre jugadores y familiares. Los jóvenes eran exalumnos del Colegio Católico Stella Maris, de Uruguay. Viajaban para jugar contra los Old Boys, de Santiago de Chile.

El tiempo para viajar no era el mejor, motivo por el cual el día anterior se hospedaron en la ciudad de Mendoza, en Argentina. Las condiciones climáticas parecieron mejorar al día siguiente en la tarde, y todos tenían afán por llegar al encuentro deportivo.

Sin embargo, la niebla y los vientos no eran favorables. Sumado a esto, las fallas de orientación entre la torre de control y la tripulación fueron fatales. El avión se adentró en un abismo de cordones montañosos entre el volcán Tinguiririca y la provincia de Colchagua. Estaban entre Chile y Argentina, pero el error de orientación perduró, inclusive para el frustrado rescate.

 

El fatídico accidente aéreo

La aeronave recibió autorización de la torre de control para comenzar el descenso, pero las fuertes turbulencias le hicieron perder altura. Los pasajeros, entre el pánico y los rezos, veían al avión rozando las montañas. Entraron en un laberinto de la cordillera y se produjo el choque contra el risco de una montaña en los Andes, cerca de Mendoza.

Las maniobras del piloto evitaron un impacto frontal, pero un segundo choque rompió el ala derecha y la cola del avión. Cinco de los pasajeros cayeron al vacío y murieron. Un tercer choque destrozó el ala izquierda y el avión cayó contra la nieve, deslizándose por una curva, y frenó contra una roca de hielo.

El avión que transportaba a los rugbiers uruguayos.
Imagen: Milenio.

En medio del impacto, dos pasajeros quedaron aprisionados en sus sillas. El choque final mató al copiloto y el piloto quedó atrapado con la cabeza en la ventanilla y el cuerpo entre el fuselaje.

La inercia elevó a los pasajeros hasta el fuselaje y el techo del avión. Muchos quedaron con traumas graves y otros tenían las piernas atrapadas en las sillas; solo pocos tuvieron heridas leves.

En medio del dolor y el pánico

 

Marcelo Pérez, capitán del equipo, organizó a quienes estaban bien para atender a los heridos. El panorama era dramático; cayó la noche y buscaron refugio dentro de los restos del avión. Fue la peor noche de sus vidas por la tragedia, los muertos y los heridos que había.

Al día siguiente, el piloto y dos heridos más murieron, luego de agonizar toda la noche. Días después falleció la hermana de Fernando Parrado, a quien el accidente también le arrebató a su madre. Nando, como la llamaban, sería después uno de los héroes de la travesía de los Andes.

Fernando Parrado, uno de los sobrevivientes de la travesía de los Andes.
Fernando Parrado.

El instinto de supervivencia del equipo

Quedaban entonces 27 sobrevivientes perdidos en la inmensidad de la nieve, sin brújula y  atrapados entre el silencio y la oscuridad de la noche. Las duras circunstancias los llevaron a organizarse para sobrevivir, así que improvisaron guantes con los forros de los asientos, gafas con plásticos y botas con los cojines del avión.

Luego, se protegieron buscando pantalones, suéteres y calcetines para mitigar el frío. Además, en el avión se acomodaban muy juntos para evitar la hipotermia. Por fortuna encontraron un radio que los acompañó siempre, y al onceavo día escucharon que la búsqueda había sido suspendida y los declaraban muertos.

 

Este fue otro duro golpe, pero su deseo de lucha fue mayor y continuaron sobreviviendo. Pasados 16 días de la tragedia, en la noche los sorprendió una avalancha que asfixió a 8 de los integrantes.

Entre ellos, murió la única mujer y el capitán del equipo. A Roy Harley no lo cubrió la alud, y esto lo ayudó a sacar a flote a los que no habían quedado tan sepultados.

Vista aérea de los Andes

Comer carne humana para seguir viviendo

Las condiciones extremas que tenían y la falta de comida los hizo tomar una decisión difícil, pero necesaria. Si querían sobrevivir, debían alimentarse de carne humana, con los restos de sus compañeros fallecidos. Este fue un momento crítico, pero no existía otra alternativa. Por otra parte, para noviembre y diciembre murieron tres integrantes más, quienes padecían gangrena.

En la travesía de los Andes, los sobrevivientes exploraron los alrededores y encontraron la cola del avión. Allí hallaron licores y chocolates que ayudaron a saciar el hambre y la sed. También para diciembre los sorprendió un sol resplandeciente, que alivió el frío que los azotaba. Era entonces el momento propicio para aventurarse a buscar ayuda.

 
Roberto Canessa, otro sobreviviente.
Roberto Canessa, otro sobreviviente. Imagen: lavoz.com.ar

El feliz rescate de la travesía de los Andes

El saber que ya no serían rescatados hizo que Roberto Cannesa, Nando Parrado y Antonio Vizintín partieran con rumbo oeste, buscando auxilio. Comenzaron la travesía de los Andes, pero después de tres días de camino, Antonio se lesionó, así que tuvo que regresar al avión. Luego de 10 días, Parrado y Cannesa llegaron a un río y pasaron la noche allí.

Cannesa se enfermó y la carne que llevaban se descompuso. Al día siguiente, divisaron a lo lejos a un arriero y le hicieron señales. Este les lanzó hojas y un lápiz atado a una piedra, para que escribieran. El arriero Sergio Catalán, luego de leer el mensaje, les arrojó pan con queso y comunicó el hallazgo a los carabineros de Chile.

Fueron rescatados en la tarde del 22 de diciembre y los medios de comunicación reportaron el milagro de los sobrevivientes. En el avión, escucharon la feliz noticia de que Cannesa y Parrado habían sido rescatados.

Más tarde, Nando llegó con la Fuerza Aérea para salvar a sus compañeros. Algunos debieron esperar al día siguiente con los rescatistas, por el sobrecupo y otras dificultades, pero el milagro de la supervivencia ya estaba consumado.