Viajamos a Rennes, la capital de Bretaña

En esta oportunidad viajamos a Rennes, una ciudad del Gran Oeste Francés (más exactamente a la región de Bretaña) ubicada a tan sólo 50 kilómetros del Canal de la Mancha. Con una historia de más de 23 siglos y conocida actualmente por su gran fábrica de coches y por ser un centro de innovación tecnológica, te invitamos a que la recorras con nosotros.

Rennes, ciudad de contrastes

Si estás buscando un paseo por un lugar que sabe combinar a la perfección su pasado medieval con sus edificios modernos… entonces no dudes en ir a Rennes. Nacida en el siglo II a.C. como capital de la tribu redones, supo brillar en la Edad Media gracias a la llegada de los pueblos bretones y de los reyes de Francia y doblar su población tras la Segunda Guerra Mundial.

Rennes
Rennes – Elena Elisseeva

Toda esa historia se acumula en cada una de sus calles, incluso las más cosmopolitas (es la décima ciudad en importancia nacional), donde pasean cientos de visitantes cada año que aprovechan sus veranos moderadamente cálidos y sus inviernos poco fríos.

De paseo por Rennes

Sin duda, el barrio medieval con algunas casas de madera y techos de pizarra y otras de piedra (las primeras anteriores a 1720) es el punto de partida para cualquier recorrido turístico por la capital de Bretaña. La concurrida Plaza des Lices con sus terrazas y bares para disfrutar de una copa al atardecer (o en cualquier momento del día) llamará tu atención.

Si llegas un sábado por la mañana no te pierdas aquí el segundo mercado más importante de Francia, con unos 300 puestos de productos locales. En la antigüedad esta plaza era el centro de todo: se celebraban tanto los torneos medievales como las justas.

Rennes
Plaza des Lices – Nicolas Vollmer / Flickr.com

El paseo sigue por el centro histórico de Rennes, más precisamente a la Rue du Chapitre, una calle como las de antes… viajarás en el tiempo y verás arquitectura de la Edad Media original. Cerca de allí podrás degustar gastronomía típica (todo acompañado de sidra obviamente).

El recorrido nos lleva ahora a dos puntos históricos relevantes: la torre Duchesne y las puertas Mordelesas. Son los vestigios que quedaron de cuando la ciudad estaba protegida por una muralla (construida en el siglo XV y de la que solo se pueden ver ruinas en la Plaza Railler-du-Baty).

De ahí pasa por la catedral de San Pedro (neoclásica, construida entre 1490 y 1845) y por la zona de Rue du Chapitre, donde verás los carteles de las calles escritos no solo en francés sino también en bretón (lengua céltica que sobrevivió fuera de Gran Bretaña).

Catedral de Rennes
Catedral de Rennes – Matthieu Kerboull

Seguirás paseando entre calles medievales de ensueño hasta que te topes con la Plaza Champ-Jacquet, fácil de reconocer porque en el centro destaca la estatua del antiguo alcalde John Leperdit (gobernó durante la Revolución Francesa), y a pocas calles con la bonita Plaza Sainte-Anne.

La siguiente parada es la plaza del Ayuntamiento. Además de este edificio tan importante en los alrededores podrás ver otra obra del arquitecto Real Jacques Gabriel: la Ópera de Millardet. Ambos están erigidos en piedra.

Palacio de Saint-George en Rennes
Palacio de Saint-George – Claudio Giovanni Colombo

El palacio del Parlamento de Bretaña (actual tribunal de justicia) es de los atractivos imprescindibles en tu visita por Rennes. En su interior observarás arte y arquitectura francesa de siglo XVII (todo en dorado, por supuesto).

La Rennes actual

Saliendo del casco antiguo medieval de la ciudad cabe destacar el barrio contemporáneo y muy pintoresco con la fuente de Parmiggani, el Cap Mail, el edificio Quai Ouest o los Champs Libres con sus tres espacios culturales: una biblioteca de seis pisos, el museo de Bretaña y el espacio de ciencias (que incluye un planetario).

Champs Libres en Bretaña
Champs Libres – valdosilasol / Flickr.com

En esta zona no puedes dejar de visitar el Museo de Bellas Artes, localizado en el antiguo palacio universitario y que alberga obras de Picasso y Rubens.

“Los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma.”

-George Bernard Shaw-

Otro rincón muy acosejable es el parque de Thabor, el pulmón verde de la ciudad construido donde vivían los frailes de Saint-Melaine y que ofrece mucho césped, una rosaleda, un invernadero y una pajarera en sus 10 hectáreas de superficie. Si estás por allí los domingos en la tarde verás espectáculos de música y danza gratis, para terminar un bonito fin de semana en Rennes, la ciudad medieval-moderna más bella de Bretaña.

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