Redescubriendo la Edad Media en Vannes, Francia

Juan Luis Minarro 19 julio, 2017

En la región de Bretaña hay un rincón donde el tiempo parece haberse detenido, Vannes. Un lugar lleno de magia y encanto donde la historia cobra vida a cada paso. Este bello pueblo conserva una apariencia medieval como principal atractivo. Pero Vannes es mucho más, y queremos mostrártelo.

Con un deslumbrante casco antiguo, Vannes se ubica muy próxima al mar, lo que la convierte en un foco turístico de renombre. Pasear por sus calles, sentarse a disfrutar en una de sus plazas… Un perfecto homenaje al descanso y un canto a la sencillez con ecos de eternidad. Porque aquí puedes redescubrir la Edad Media de un modo solo posible en Francia: con estilo, cultura y romanticismo.

Vannes: un municipio con aires medievales

Vannes se alza desde el siglo I. Centinela a orillas del río Marle, la villa fue un importante centro de comercio debido a su situación geográfica, cercana al océano Atlántico.

Vannes
Vannes – Oscity

A finales de la Edad Media, la localidad era una de las principales ciudades bretonas. Muestra de ello son sus pétreas callejuelas, su imponente muralla o sus fachadas sacadas de cuento. Las soleras de madera reciben al viajero, sumergiéndole en una atmósfera irreal y hermosa. La historia cobra aquí vida, invitando a soñar al visitante a través de la arquitectura.

Las casas más antiguas del municipio datan del siglo XV, al igual que algunos de los palacetes allí ubicados. El más famoso de ellos, el Château Gaillard conserva hoy su diseño original. Por ello, este edificio forma actualmente parte del museo de historia de Vannes.

“Nada desarrolla tanto la inteligencia como viajar.”

-Emile Zola-

La muralla de Vannes

Muralla de Vannes
Muralla – Rolf E. Staerk

No existe una importante ciudad medieval que no disponga de una recia muralla. Este es el elemento principal e indispensable en la Edad Media por su claro componente defensivo. Hoy en día esta función se ha perdido, pero Vannes aún conserva una magnífica muralla.

Sus muros rodean el casco antiguo, protegiendo la catedral, algunos pequeños palacios y una infinidad de bellas casas de entramados de madera. Tiene seis puertas de entrada, una de las más antiguas es la de la Prisión, del siglo XIII. Aunque sin duda, la más conocida es la entrada en honor San Vicente, patrón de la villa.

Y además de las puertas, destacan tres bellas torres construidas en el siglo XV. Junto a una de ellas, la Torre du Connétable, se puede ver parte de la vieja muralla galoromana, levantada en el siglo III.

La catedral de Vannes

Catedral de San Pedro – RIRF Stock

La más sorprendente construcción de Vannes es sin duda su catedral. Dedicada a San Pedro, el edificio es de apariencia gótica, pero con alma románica. El lugar es un canto a la fe que domina por entero el recinto amurallado.

Este templo encandiló al mismísimo Alejandro Dumas, que puso al mosquetero Aramis como obispo de esta urbe. Pero más allá de la anécdota, el templo es una visita obligada, pues la belleza que la impregna compite con las más bellas catedrales europeas.

Su interior, aunque menos espectacular que su fachada, alberga un tesoro. En el coro se encuentran los restos de San Vicente Ferrer, quien falleció en la villa en el siglo XV.

El corazón de Vannes

Vannes
Vannes – DaLiu

Para disfrutar del ritmo de esta idílica ciudad es necesario perderse entre sus calles. Estas te llevarán a escondrijos de amantes y rincones mágicos. Pero si de lo que se quiere disfrutar es de la vida de Vannes, la Plaza Gambetta es el emplazamiento perfecto para comenzar la visita. Allí, puedes sentarte en una terraza y disfrutar del vino bretón mientras ves caer la tarde.

Otra opción es visitar la zona del puerto deportivo. El ajetreo de barcos crea una visión de lo más entretenida, y es el lugar perfecto para una caminata sin rumbo.

Vannes espera ser descubierta mientras esconde entre sus murallas historia y arte. Acabamos con un consejo: si quieres contemplar las mejores vistas, las tendrás al anochecer desde la Torre del Condestable, de cinco pisos de altura. Es entonces cuando la iluminación hace las veces de estrellas y los tejados de pizarra devuelven el brillo lunar. Todo un espectáculo.

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