Peregrinar con el alma: los viajes espirituales en la Edad Media

10 mayo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el historiador David Díaz
El sentido que hoy tienen las peregrinaciones es, a veces, diferente al que tenían hace siglos. Vamos a viajar en el tiempo para descubrir cómo eran esos viajes hace siglos.

En los últimos años, el número de personas que deciden pasar sus vacaciones realizando viajes espirituales –como el Camino de Santiago– ha crecido exponencialmente. Se ha convertido en un tipo de turismo low cost que permite estar en contacto con la naturaleza y romper con uno de los males de la sociedad actual, el sedentarismo.

Iniciar una peregrinación también posibilita una conexión íntima con uno mismo. Es un viaje interior que, aunque en la mayoría de las ocasiones no sea el objetivo del viaje, lleva a replantearse el sentido de la vida.

El Camino de Santiago es una ruta de peregrinación operativa desde el año 950. Durante la Edad Media fue un acto de devoción y penitencia. En la actualidad, ha perdido, de forma general, este sentido místico. El peregrinaje moderno se emprende como una forma pagana de ‘desconexión’.

En este artículo queremos indagar en el origen y el desarrollo de los viajes espirituales en la Edad Media. Se trata de retomar el sentido original de las peregrinaciones con el objetivo de que los peregrinos modernos entendamos el sentido original del viaje.

Representación de una peregrinación en la Edad Media

Origen y destinos de los viajes espirituales en la cristiandad

El acto de peregrinar no es originario del cristianismo, es una realidad anterior. Solo es necesario recordar la historia del pueblo judío o la del nacimiento de Jesús para darse cuenta de ello. Tampoco es exclusivo del cristianismo, otras religiones como el islam, el hinduismo o el budismo fomentan su práctica.

A partir del siglo IV, las peregrinaciones empezaron a desarrollarse como una de las devociones que marcaría al cristianismo. Los destinos más importantes fueron tres: Palestina –y especialmente Jerusalén– Santiago de Compostela y Roma.

1. Palestina y Jerusalén

Exterior de la iglesia del Santo Sepulcro, final de viajes espirituales
Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén

La peregrinación a Tierra Santa se dio, principalmente, desde el siglo IV hasta la ocupación de los árabes en el siglo VII. Posteriormente, los cristianos de Occidente continuaron yendo a Palestina, aunque en menor medida. Las distancias y los peligros que existían en los caminos del Imperio bizantino y del Califato de Bagdad disuadían a los viajeros.

A partir de 1095, en la época de las cruzadas, se revitalizaron las peregrinaciones a la ciudad santa con el objetivo de rescatarla de los musulmanes. Estas combinaban el contenido espiritual con el de la guerra santa contra el islam.

Finalmente, a mediados del siglo XIV, los franciscanos estimularon, de nuevo, la peregrinación a Tierra Santa. El objetivo era acercarse y venerar los lugares relacionados con la vida de Jesucristo, especialmente los vinculados a su muerte y resurrección.

2. Peregrinaciones a Roma

Basílica de San Pedro del Vaticano
Basílica de San Pedro del Vaticano

Las peregrinaciones en Occidente se centraron en la ciudad de Roma. Los objetivos de estos viajes eran los de visitar los santuarios que se habían levantado sobre las tumbas de los mártires.

En la ciudad italiana la veneración empezó por los sepulcros de los apóstoles Pedro y Pablo. Posteriormente, se extendió a San Sebastián, San Lorenzo, Santa Inés y San Patricio.

Las peregrinaciones al sepulcro de San Pedro fueron las más destacadas, especialmente en la fiesta principal, el 29 de junio. En torno a la basílica romana de San Pedro se reunían peregrinos de todo Occidente, algo que, en muchas ocasiones, derivaba en conductas indignas. San Agustín lo testimonió hablando de «embriagueces cotidianas en la basílica romana de San Pedro».

El aumento de las peregrinaciones a Tierra Santa en la época de las cruzadas y la popularidad creciente de la peregrinación a Compostela, afectaron la llegada de viajeros a Roma. No fue hasta el año 1300 cuando Roma volvió a ser el foco de atención de los peregrinos.

3. Peregrinaciones a Santiago

Catedral de Santiago de Compostela, final de viajes espirituales
Santiago de Compostela

Santiago de Compostela fue un centro de peregrinación que surgió de forma tardía, a mediados del siglo IX. A pesar de ello, se convirtió en uno de los centros más importantes de la peregrinación en la Edad Media.

El origen lo encontramos, según la tradición, hacia el año 825. Ese año, un monje vio un resplandor que salía de la tierra, era un arca. Esta, supuestamente, contenía los restos del apóstol Santiago que, tras ser ejecutado, habrían sido trasladados desde Jerusalén a Galicia. En el lugar donde el monje divisó el arca se levantó una iglesia.

La popularidad de este centro radica en dos cuestiones. La primera es que Compostela es el único lugar de Occidente que cuenta con un sepulcro apostólico, a excepción de Roma. La segunda radica en la popularidad que adquirió Santiago como santo con poderes para hacer milagros.

En el siglo XII, el Codex Calixtinus, señaló las cuatro vías que canalizaron a los miles de europeos que querían llegar a Santiago. Estas atravesaban Francia, entraban en la Península por los pasos de Somport y Roncesvalles y se unían en Puente de la Reina. Desde ahí continuaba como una vía única que conducía a los viajeros a Santiago.

4. Otras rutas de peregrinación

Catedral de Canterbury
Catedral de Canterbury

A lo largo y ancho de todo el territorio europeo fueron naciendo múltiples centros de peregrinación. La atracción de los viajeros se debía a la publicidad que se hizo sobre la existencia en el lugar de un sepulcro, una imagen o unas reliquias milagrosas.

Ejemplo de ello es la peregrinación a la tumba de San Martín en la ciudad francesa de Tours. Este fue el centro de peregrinación del mundo franco a partir del siglo VI. Otro es el caso de Canterbury, en Inglaterra. Los viajeros acudían al lugar para visitar los restos del santo Tomás Becket, asesinado en 1170.

En la península ibérica, otros centros destacados fueron San Salvador de Oviedo, San Millán de la Cogolla en La Rioja, Santo Domingo de Silos en Castilla, Montserrat en Cataluña y Guadalupe en Extremadura.

Uno de los destinos más sorprendentes de la Edad Media fue el purgatorio de San Patricio. Era una cueva situada en la isla del irlandés lago de Derg. Cuenta la tradición que en ella se podían tener visiones del más allá, aunque, para lograrlo, el peregrino debía permanecer en el interior un día entero. Al finalizar, se aseguraba el acceso directo al cielo.

Tipos de viajes espirituales y peregrinaciones

Peregrinos de América Latina en el Camino de Santiago
Peregrinos en el Camino de Santiago

Aunque el objetivo era tener un contacto físico con algún objeto de su devoción, el sentido de estos viajes no siempre fue el mismo en todas las épocas ni para todos los viajeros. En sus inicios, las peregrinaciones tenían principalmente el objetivo de visitar y venerar lugares santos o sepulcros de mártires. Así lo dijo Alfonso X el Sabio:

Romeros e peleglinos son omes que fazen sus romerias e pelegrinajes por servir a Dios e honrar los Santos.

Durante la Edad Media se desarrollaron otros sentidos a estas peregrinaciones. Uno de ellos fue de carácter más utilitario: los viajes se emprendían para que algún santo curandero interviniese en el estado de salud del peregrino. Así, se creía que realizando estos viajes se curarían de cualquier tipo de enfermedad o mal.

Otro de los sentidos que adquirieron los viajes espirituales fue el penitencial. Generalmente, era una imposición que tenía como objetivo purgar los pecados cometidos. De este modo, visitando los más importantes santuarios de la cristiandad, el pecador era indultado.

En los últimos años de la Edad Media, este sentido penitencial derivó en un sentido judicial. De esta manera, estas peregrinaciones eran impuestas por la autoridad civil como una forma de redimir una pena.

¿Quienes realizaban viajes espirituales?

Camino de Santiago, una de las peregrinaciones religiosas

En la Edad Media existían múltiples tipos de viajeros. Al que emprendía su camino hacia algún lugar santo por motivos religiosos o de devoción se le empezó a denominar peregrino: un caminante que decidió abandonar las comodidades de su vida terrenal y emprender una vida de sacrificio, incomodidad e inseguridad.

Los peregrinos no eran un grupo homogéneo, ya que el viaje lo podían emprender desde reyes, nobles y obispos hasta artesanos o campesinos. Todos, sin excepción, cuando llegaban a su destino realizaban un ritual en el que se simbolizaba su espíritu de humillación frente al santo devoto.

De forma general, las iglesias de peregrinación siempre estaban abiertas para que, de esta forma, los peregrinos pudieran tener un contacto constante con el objeto venerado. Esto propiciaba que en estos centros se concentrase un número importante de personas.

Este alto volumen de gente, teniendo en cuenta las condiciones higiénicas de antaño, generaba un hedor que, en muchas ocasiones era insoportable. Los botafumeiros, como el instalado en la catedral de Santiago de Compostela, eran soluciones que querían paliar esa incómoda situación.

Hoy en día, más de diez siglos después, muchos de esos caminos se conservan. Esto permite a los peregrinos actuales dejar las mismas huellas y, quizás, los mismos pensamientos que aquellos caminantes medievales.

  • Frontela, Luís J.F. (1999). "Las peregrinaciones en la Edad Media". Revista de espiritualidad (58), 389-420.
  • García de Cortázar, José Ángel (1996). Los viajeros medievales. Madrid: Santillana.