Masada, una fortaleza símbolo de resistencia

Sonia Budner · 1 febrero, 2019
Resistieron durante meses el asedio de las tropas romanas. Pero cuando el asalto era inevitable, los habitantes de esta fortaleza prefirieron morir a ser esclavizados.

Cuando hablamos de Masada, hablamos de la Numancia hebrea. La historia de un asedio y un suicidio. Una historia de resistencia y honor como la vivida en la población ibérica. Las legiones romanas, a la espera de que todo un pueblo se rindiera o se consumiera, no sospechaban tampoco el final. Porque sus habitantes prefirieron la muerte a la esclavitud.

Masada es un importante patrimonio de la humanidad, y también es un símbolo de determinación y heroísmo. Los recorridos turísticos que hoy en día se ofrecen no restan nada al dramatismo que este poderoso sitio retrata.

La subida puede realizarse andando por el llamado “sendero de las serpientes”. Aunque la atmósfera mágica y cautivadora de Masada se puede experimentar de varias maneras.

Así, en el Museo de Masada se exponen más de 400 objetos hallados durante las excavaciones arqueológicas en esta fortaleza. Con nueve espacios diferentes, este museo alberga joyas arqueológicas de diversos periodos históricos.

Hoy visitamos un lugar con una historia dramática y conmovedora. Un lugar que domina unos paisajes desérticos fascinantes y que ofrece unas vistas increíbles al mar Muerto.

Un poco de historia

Palacio de Herodes en Masada
Palacio de Herodes en Masada

Masada está ubicada en el desierto de Judea, sobre un macizo tectónico de 450 metros de altura y con el mar Muerto prácticamente a sus pies. Ya en la Edad de Cobre estaba habitada.

Pero la fortaleza que encumbra la cima fue construida por el rey asmoneo Alejandro Janneo, alrededor del año 100 a.C. Su ubicación, sus excelentes condiciones geográficas y sus infranqueables acantilados la hacían tremendamente atractiva como punto estratégico para cualquier invasor.

Durante la ocupación romana, Herodes el Grande utilizó la fortaleza para refugiar a su familia y protegerla. Pero fue durante la primera guerra judeo-romana cuando un grupo de rebeldes dentro de las murallas de Masada tomaron la fortaleza.

Los romanos enviarían a los pocos meses un ejército de más de 9000 hombres para atacar la fortaleza y acabar con los rebeldes. Pero Masada se les presentaba inexpugnable.

Un trágico final

Rampa romana de acceso a Masada
Rampa romana – Mars Infomage / Wkimedia Commons

Durante cuatro meses, el ejercito romano hizo varios intentos de subida hasta la fortaleza por algunos de los senderos que llegan hasta ella. Pero todo intento resultó en vano. Finalmente, el gobernador Lucio Flavio ordenó construir una rampa para ascender hasta la muralla.

La rampa era una obra de ingeniería que necesitó meses de trabajo y miles de toneladas de piedra y arena para su construcción. Una vez terminada, los romanos comenzaron la subida y el ataque a Masada. Consiguieron abrir una brecha en la muralla y entraron en la fortaleza. Pero lo que encontraron era desolador.

Ante la amenaza inminente de la llegada del ejército y la posibilidad de ser esclavizados por los romanos, todos los habitantes de Masada se habían suicidado.

Un total de 960 niños, mujeres y hombres eligieron voluntariamente morir, según datos proporcionados por cronistas romanos. Aunque no todo el relato ha podido confirmarse.

La fortaleza de Masada

Termas de la fortaleza de Masada
Termas de la fortaleza – David Shankbone – Wikimedia Commons

La edificación más impresionante de Masada era el palacio, con tres niveles y encaramado en la parte norte de la cima. Era conocido como el Palacio Suspendido, por estar edificado en tres alturas o terrazas.

Las paredes interiores del palacio estaban pintadas con magníficos frescos de colores. Algunos de ellos se han conservado hasta el día de hoy. Los suelos tenían dibujos geométricos en blanco y negro, y extraordinarios mosaicos.

Masada contaba también con una casa de baños, el apodyterium, magníficamente ornamentada con frescos y suelo de baldosas blancas y negras. La sala tibia, el tepidarium, conducía a la piscina de escalona de la sala fría, el frigidarium. Contenía también una tercera sala, la habitación caliente o calidarium.

Contiguo a la casa de baños había unos depósitos que almacenaban alimentos y vino. Uno de estos almacenes estaba especialmente reforzado para la seguridad de objetos valiosos, como armas o joyas.

Los palacios, las termas y los almacenes componían un recinto que podía alojar en cualquier momento a mil personas. Su problema principal era el suministro y almacenamiento del agua.

Visitar Masada

Masada es todo un símbolo de fortaleza inquebrantable y de voluntad de preservar una identidad y una cultura. Está tan repleta de historia que la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 2001.

Israel tiene magníficos lugares que ofrecer al viajero y Masada, sin lugar a dudas, es uno de ellos. Este es un viaje al corazón de un pueblo que vivió y murió con el más puro espíritu numantino.