Una increíble experiencia en las islas Amantaní y Taquile

4 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el historiador del arte Armando Cerra
En las islas Amantaní y Taquile se pueden vivir unas estancias tan austeras y sencillas como enriquecedoras para el viajero.

Las islas de Amantaní y Taquile son dignas de conocerse no solo por el enclave natural donde se encuentran, el lago Titicaca. También lo son para valorar cómo las comunidades locales han puesto en marcha unas iniciativas locales sostenibles basadas en el orgullo que sienten por sus raíces, sus costumbres y su tierra. Por eso, visitarlas se convierte en una experiencia inolvidable.

Las maravillas del lago Titicaca

Lago Titicaca, que alberga las islas Amantaní y Taquile
Lago Titicaca

Seguro que has oído hablar del lago Titicaca y sabes que está a caballo de Perú y Bolivia, más en concreto, en el Altiplano de los Andes. Y, sobre todo, sabrás que está a una altura más que considerable: 3800 metros sobre el nivel del mar. Por ello, es el lago navegable a mayor altitud del mundo.

Pues bien, hay mucho más que saber sobre el Titicaca. Es un territorio sorprendente por su grandeza, su historia, sus costumbres, los pueblos de sus orillas y también sus islas, entre las que destacan nuestras protagonistas de hoy: las islas de Amantaní y Taquile.

Llegar a las islas Amantaní y Taquile

Para tomar la embarcación que nos lleve a cualquiera de estas dos islas del Titicaca hay que zarpar desde el puerto peruano más importante del lago: el de la ciudad de Puno. Sin duda, es el gran referente el turismo en esta zona, por eso es fácil llegar hasta Puno desde las urbes más visitadas de Perú, como son Cuzco o Arequipa.

Y además, Puno, con todo su patrimonio y las costumbres tradicionales que conserva, es una buena introducción a las formas de vida que luego nos esperan en estas dos islas. Por cierto, para visitar Amantaní y Taquile y pernoctar allí hay que contratar la excursión en Puno.

Isla Amantaní

Isla Amantaní
Isla Amantaní

En esta isla, ubicada a unos 40 kilómetros de Puno, viven menos de 4000 habitantes en sus 15 km² de extensión. Unos habitantes que viven de la agricultura, si bien el turismo se ha convertido en una fuente auxiliar de ingresos, gracias a que los viajeros pueden alojarse con familias locales.

Es un alojamiento de lo más modesto, con pocas o nulas comodidades. Pero a cambio, es una experiencia de lo más auténtica y enriquecedora la que nos proponen las islas de Amantaní y Taquile. Durante la estancia se come con la familia y se vive con sus pocos recursos, es decir, no hay que buscar el wifi, ya que puede que no haya ni luz eléctrica, ni agua corriente.

Toda una vivencia que se disfruta plenamente gracias a la amabilidad de la gente local, en su gran mayoría de origen aimara. Y, de hecho, su lengua está completamente repleta de palabras y expresiones de esa etnia.

La visita a Amantaní

Templo Pachatata
Templo Pachatata

Si el alojamiento en la isla es de lo más austero, lo que nos ofrece es esplendoroso. Para empezar, por disfrutar de su peculiar vegetación natural, entre la que aparecen sus cultivos de patata, maíz, quinoa o habas. Además, se puede comprobar cómo siguen trabajando sus artesanías tradicionales.

Y desde luego, hay que hacer una excursión hasta el santuario de Pachatata. Está en un alto de la isla a más de 4000 metros, por lo que no es raro que ataque el mal de altura.

Isla Taquile

Tejedores en Taquile
Tejedores en Taquile

La isla Taquile está a unos 35 kilómetros de Puno y es más pequeña que la anterior. Por eso, aquí viven solo unas 300 familias de origen quechua, las cuales siguen vistiendo las coloridas ropas de esa etnia.

De hecho, uno de los atractivos de esta visita es ver cómo fabrican esos tejidos. Es algo que ellos se preocupan por mostrar a todos sus visitantes, ya que aquí también los turistas se alojan en los hogares de la población.

Si comparamos las islas Amantaní y Taquile, se puede decir que esta última se encuentra intencionadamente todavía más lejos del mundo actual. Ellos han elegido seguir viviendo en exclusiva de la agricultura, la ganadería y sus tejidos.

El turismo lo controlan ellos mismos para no acabar con sus particulares formas de vida. Y es que en Taquile, que antaño fue una prisión política, se ha optado por salvaguardar una vida en comunidad donde el compartir es la norma. Solo por aprender esa hermosa lección de vida ya merece la pena viajar al lago Titicaca y descubrir estas islas.

  • Cheong, C. S. (2008). Sustainable Tourism and Indigenous Communities: The Case of Amantaní and Taquile Islands. University of Pennsylvania
  • Canchis, L. (2008). La economía social y solidaria de la comunidad de Taquile. Investigaciones Sociales.