El Estado de la Ciudad del Vaticano, un país independiente

29 agosto, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el historiador del arte Armando Cerra
La Ciudad del Vaticano es diminuta, pero tremendamente poderosa y, sobre todo, muy atractiva para el turismo.

El Estado de la Ciudad del Vaticano, nombre oficial, es un país soberano independiente. Pero no solo eso, estamos hablando del país más pequeño del mundo, con apenas 0,44 km² de extensión.

Sin embargo, si estás pensando visitarlo, no creas que en apenas unas horas lo recorrerás. Puede que sus dimensiones sean muy accesibles, pero tiene tanto arte atesorado en su interior que uno podría pasar días en este minúsculo país y siempre tendría algo que admirar.

El tamaño del Estado de la Ciudad del Vaticano

Museos Vaticanos
Museos Vaticanos

Para hacernos una idea de las reducidas dimensiones del Vaticano, basta con fijarnos en su denominación oficial, que ya nos indica que se trata de una ciudad-estado, como otras repartidas por el mundo, como puede ser Singapur. Pero en este caso es mucho más pequeña, ya que su tamaño, como adelantábamos, no llega ni al medio kilómetro cuadrado de superficie.

Es uno de los seis microestados de Europa, pero ninguno de los otros, como ser Mónaco o Lichtenstein, tienen un tamaño tan reducido. De hecho, para hacerse una idea de su pequeñez, pensemos en el gran símbolo del Vaticano: la famosa plaza de San Pedro, con la gran basílica al fondo. Pues bien, la plaza ocupa, más o menos, la quinta parte de la superficie.

La Santa Sede

No obstante, es sabido que, aunque sea un territorio diminuto, su poder es enorme. Aquí está la Santa Sede de la Iglesia católica y es la residencia del papa, el sumo pontífice para millones y millones de personas de todo el mundo. Por eso, es tremendamente influyente y cualquiera de nosotros tiene una idea más o menos clara de la independencia del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Breve historia del Estado de la Ciudad del Vaticano

Vista del Estado de la Ciudad del Vaticano
Vista del Vaticano

Es cierto que durante siglos los Estados Pontificios, gobernados por el papa y su corte de cardenales, fueron un territorio mucho más amplio. De hecho, fueron tierras dentro de Italia que muchas veces no se ganaron por la fe, sino por conquistas militares.

Sin embargo, aquellos Estados Pontificios fueron completamente anexionados en el siglo XIX por Italia, que por entonces era un reino gobernado por Víctor Manuel II (el mismo que da nombre a las famosas galerías comerciales de Milán).

La anexión ocurrió en 1860 y fue en 1929 cuando se firmaran los Pactos de Letrán, que dieron origen a la independencia que hoy en día disfruta el Estado de la Ciudad del Vaticano. Por cierto, uno de los firmantes de aquel documento fue Benito Mussolini.

Completamente rodeado por Roma

Tal y como decíamos al principio, pese a su tamaño, hay mucho que ver en esta pequeña ciudad totalmente embebida en el corazón de la gran urbe de Roma. Comenzando por los dos lugares que ya hemos nombrado anteriormente: la plaza de San Pedro y la basílica.

La plaza de San Pedro

Plaza de San Pedro en el Estado de la Ciudad del Vaticano
Plaza de San Pedro

¿Quién no ha visto por televisión esta plaza? Seguramente, la plaza del Vaticano es una de las más famosas de todo el planeta. Y sin embargo, cuando se está allí en persona, no hay nadie no se quede asombrado.

Es un espacio grandioso y muy teatral, donde todo está concebido para que los visitantes, y sobre todo los fieles, se sientan diminutos frente a la obra de Dios y al mismo tiempo sientan que forman parte de una inmensa comunidad.

La basílica de San Pedro

Baldaquino de la basíclica de San Pedro
Baldaquino de Bernini

En ese efecto teatral aparece con un papel protagonista la fachada de la basílica de San Pedro, y especialmente su gran cúpula, que por normas eclesiásticas tiene que ser la más grande de todas las iglesias católicas del mundo.

Pero el edificio no solo impresiona por fuera, esas sensaciones abrumadoras se multiplican al visitar su interior. Está absolutamente repleto de obras de arte realizadas con los materiales más ricos y todo a unas dimensiones colosales.

Es difícil quedarse solo con una obra, así que elegiremos dos: el impresionante baldaquino de Bernini y la delicadeza marmórea de la Piedad de Miguel Ángel.

Los Museos Vaticanos

Frescos en la Capilla Sixtina
Capilla Sixtina

Y además de estos dos lugares aún quedan por visitar los inagotables Museos Vaticanos, con cuadros, esculturas, manuscritos o joyas litúrgicas creados a lo largo de siglos y siglos y que son la máxima expresión del papel de mecenazgo de la Iglesia. Aquí están representados muchos de los grandes maestros de todos los tiempos.

¿Qué ver ahí? Habría que hacer una lista larguísima con las obras a descubrir, pero diremos solo dos. Por un lado, destaca el magnífico conjunto de pinturas murales de la Capilla Sixtina. Y por otro, las estancias pintadas por otro de los grandes maestros del Renacimiento: el genial Rafael. Solo por ver estos tesoros del Vaticano, ya merece la pena hacer una escapada a Roma.

  • Basílica de San Pedro, Vaticano. (s.f.). En EcuRed. Recuperado el 29 de agosto de 2019 de https://www.ecured.cu/Basilica_de_San_Pedro,_Vaticano
  • Museos Vaticanos. Recuperado el 29 de agosto de 2019 de http://www.museivaticani.va/content/museivaticani/es.html