Descubre el maravilloso Pabellón de Oro de Kioto

Entre todas las grandes ciudades de Japón hay una que atesora un patrimonio único: Kioto. Algo lógico, si tenemos en cuenta que fue la antigua capital imperial nipona. Kioto guarda sorpresas monumentales y culturales en cualquier rincón de su zona histórica. Y sin duda, una de las sorpresas más gratas de la ciudad es el Pabellón de Oro o Kinkaku-ji.

¿Qué es el Pabellón de Oro de Kioto?

El Kinkaku-ji, o Pabellón de Oro de Kioto, originalmente fue la vivienda de un poderoso shogun del siglo XIV. Este shogun fue el general Ashikaga Yoshimitsu, quien se retiró aquí a vivir sus últimos años. Sin embargo, tras su muerte nadie volvió a habitar el Pabellón de Oro y acabó por convertirse en un templo budista, cuyo nombre es Rokouon-ji.

Una joya de la arquitectura japonesa

Pabellón de Oro de Kioto
Pabellón de Oro – Dellboyy Art / Flickr.com

Lo cierto es que el edificio que podrás visitar cuando hagas tu viaje a Kioto guarda muy pocos elementos de aquella construcción inicial. Pero no es menos cierto que nos podemos hacer una idea casi total de cómo sería.

El caso es que la arquitectura japonesa histórica generalmente es de madera, un material que es fácil que sea pasto de las llamas. Sin embargo, también es habitual en Japón que tras los incendios los edificios se reconstruyan de forma idéntica.

Y de hecho, eso pasó en varias ocasiones con el Pabellón de Oro, que fue incendiado por última vez por un monje trastornado en 1950. Aquello supuso un verdadero impacto entre la población japonesa, que tanto venera sus tradiciones y su patrimonio. Y desde luego, este edificio lo consideran una de sus joyas, por eso se emprendió su reconstrucción de manera inmediata.

¿Por qué Pabellón de Oro?

No hay más que verlo para poder responder a esa pregunta. Y es que los dos últimos pisos del Kinkaku-ji están recubiertos por infinidad de láminas de oro. Lo cual le da su aspecto tan peculiar y le hace cobrar un enorme protagonismo sobre su entorno natural plagado de naturaleza y con un lago que se convierte en un espejo del edificio.

La visita a un espacio sagrado de Kioto

Pabellón Dorado de Kioto
Pabellón Dorado – Zachary / Flickr.com

Hay que tener en cuenta que hoy en día el edificio sigue siendo un templo budista de la escuela zen. Y no se trata de un templo más en Kioto, sino que es un lugar donde se guardan veneradas reliquias. Así que no es extraño durante la visita ver a los monjes que allí oran, además de infinidad de turistas, incluyendo muchos japoneses que acuden a hacer sus plegarias.

Por lo tanto, hay que ser sumamente respetuoso con el lugar. Algo que, por otra, parte aumenta el valor de la visita. De alguna manera no solo se descubre una auténtica belleza de un valor histórico incalculable, también se convierte en toda una experiencia para impregnarse de esa atmósfera zen que tan beneficiosa puede ser para nuestros espíritus.

“Es mejor viajar bien que llegar.”

-Buda-

La belleza del Pabellón de Oro

Pabellón de Oro de Kioto
Pabellón de Oro – Dani Oliver /Flickr.com

El edificio en sí se divide en tres plantas. La primera de ellas fue la antigua residencia y hoy guarda las estatuas de Buda y del fundador del Pabellón de Oro. Esta planta tiene sus paredes blancas, a diferencia de las dos superiores, donde aparece el dorado que da nombre a la edificación.

De esas dos plantas no solo destaca el color de sus paredes, también su aspecto de livianidad. Tanto, que parece mentira que se puedan sustentar los airosos tejados con voladizo que cubren todo el conjunto. En fin, una maravilla estética que no has de perderte si tienes la fortuna de viajar a Kioto.

Y la hermosura de su entorno

Pabellón de Oro de Kioto
Pabellón de Oro – Millán / Flickr.com

En realidad, la visita al Kinkaku-ji va más allá del propio Pabellón de Oro. Sin duda, la contemplación de este edificio, con el lago a sus pies plagado de islotes y el bosque como telón de fondo, puede ser una de las imágenes de nuestra estancia en Kioto. Pero hay más.

Muy cerca se encuentra la residencia del que es el monje principal del recinto. Y allí ya se admiran los propios jardines, los cuales al igual que ocurre con la arquitectura, salvaguardan una estructura idéntica a la que tuvieron hace siglos. Si bien, en ellos se construyó posteriormente una delicada casa de té.

En definitiva, que todo ese entorno natural, arquitectónico y estético nos puede parecer que se encuentra a cientos de kilómetros de una urbe como Kioto. Y sin embargo, hasta aquí se puede llegar gracias al autobús público desde el mismo centro de la ciudad.

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