4 tesoros de Kioto, una de las ciudades más bellas de Japón

· 2 septiembre, 2017

Los tesoros de Kioto, en Japón, son innumerables porque esta es una de las ciudades imperiales por antonomasia, un lugar donde la milenaria cultura japonesa muestra su punto álgido. Kioto alberga numerosos espacios que han sido declarados como Patrimonio de la Humanidad. Templos y construcciones maravillosas que parecen fruto de la fantasía.

Tesoros de Kioto que maravillan

Vamos a dar un pequeño paseo para descubrir algunos de los tesoros de Kioto, esos que centran la atención de los turistas y que guardan la esencia de la cultura y las tradiciones japonesas. ¿Estás listo?

1. Fushimi Inari Taisha, el templo de la diosa más popular

Vista deFushimiInari Taisa, uno de los tesoros de Kioto
Fushimi Inari Taisha – Sean Pavone

Es un magnífico santuario sintoísta. No en vano, el sintoísmo es una de las religiones más extensas y seguidas de Japón. Según sus leyendas, las fuerzas de la naturaleza no son otra cosa que las personificaciones de las deidades.

En concreto, este templo está dedicado a la diosa Oinari, la deidad del éxito, además de serlo también de algunos cultivos y animales, como el arroz o los zorros. De hecho, suele representársela con figuras de este animal.

Lo más llamativo de este monasterio son sus centenares de arcadas típicas japonesas. Estas se denominan torii y sirven como marcadores de separación entre el mundo mundano y el mundo sagrado. Habitualmente los templos suelen contar con un máximo de un par, sin embargo, los dedicados a Oinari suelen contar con montones de ellos formando pasillos.

“Vayas a donde vayas, ve con todo tu corazón.”

-Confucio-

2. El Pabellón de Oro, el santuario más visitado

Kinkaku-ji – Sean Pavone

El nombre original del Pabellón de Oro por el que se conoce a este templo en japonés es Kinkakuji. Sin embargo, su denominación original es Rokouon-ji. Es uno de los monumentos más históricos de la cuidad de Kioto.

En un principio, se levantó como un espacio privado para un comandante del ejército japonés. Años después fue transformado en un santuario zen, pero actualmente tampoco cumple esta función. Se ha ganado una posición más alta, es decir, shariden.

El templo posee un precioso color amarillo. Los tonos dorados, así como su nombre, provienen del pan de oro que recubre sus paredes exteriores. Se halla en un emplazamiento natural espectacular, en el que destacan su lago y sus arboledas.

Su visita resulta muy curiosa e interesante porque gracias a ella podremos comprender mejor en qué consistía la vida durante la Edad Media japonesa. El estilo samurái feudal llama la atención en toda su decoración.

3. El Palacio Imperial de Kioto

Jardines del palacio imperial, una de los tesoros de Kioto
Jardines del Palacio imperial- aaron choi

A pesar de que ostenta el título de palacio imperial, este inmueble no hace las veces de residencia del emperador. Está ubicado en el interior de un gran parque natural llamado Kyoto Gyoen.

Lo que queda de este palacio no es el verdadero palacio imperial en el que vivió el emperador Kogen. Lo que puede visitarse es tan solo una de las edificaciones exteriores. Nada tiene que ver con lo que fue el antiguo conjunto histórico. En la actualidad solo quedan reconstrucciones. De todos modos, sigue siendo uno de tesoros de Kioto.

Si deseamos hacer este recorrido, tenemos que hacer una petición de visita. Podemos hacerlo a través de su página web. Es necesario recordar que debemos pedirlo con un mínimo de 3 meses de antelación.

La Torre de Kioto

Vista de la Torre de Kioto
Torre de Kioto – picotan

La Torre de Kioto es la edificación más alta de esta metrópoli. Su parte más elevada sirve como un observatorio, y desde allí puede divisarse una perfecta panorámica de toda la ciudad. En los días más claros puede contemplarse incluso la cercana localidad de Osaka.

Se construyó en 1964 para celebrar los Juegos Olímpicos de aquel año y con un diseño del arquitecto Mamoru Yamada. A sus pies, en la planta subterránea, podemos disfrutar de unos baños tipo spa típicos japoneses.

Es otro de los tesoros de Kioto, aunque lo cierto es que hay quien la adora y quien la detesta. En cualquier caso, debemos acercarnos a ella porque forma parte de la fisionomía de la ciudad. La subida cuesta entre 5 y 10 euros, dependiendo de si las compramos para niños o para adultos.