Shanay Timpishka, el río hirviente de Perú

Shanay Timpishka es un lugar extraordinario que todavía despierta muchos interrogantes entre los científicos. Queda en Perú y es tan especial que durante mucho tiempo se creyó que su existencia era solo una leyenda.
Shanay Timpishka, el río hirviente de Perú

Escrito por Edith Sánchez, 06 Abril, 2021

Última actualización: 07 Abril, 2021

Por siglos había existido la leyenda de un río hirviente llamado Shanay Timpishka en la selva profunda del Amazonas peruano. Sin embargo, solo hasta hace poco se demostró que el mito es cierto. La historia de su descubrimiento está íntimamente ligada a la de un hombre llamado Andrés Ruzo.

Ruzo es un geólogo peruano que debió aprender a ser paciente antes de conocer el río hirviente, algo que solo consiguió gracias a un chamán. Desde entonces, su vida ha girado en torno a estudiar este río y protegerlo de las multinacionales interesadas en la explotación de recursos naturales en el Amazonas.

Los comienzos

De niño, Ruzo se maravillaba con las historias que le relataba su abuelo. Le apasionaba todo lo que tuviera que ver con el Amazonas. Todos esos animales de fantasía: las enormes arañas que se alimentaban de pájaros, las serpientes capaces de engullir a un hombre entero, la historia de un río hirviente o la de una ciudad hecha de oro sólido.

El abuelo también le contaba cómo había sido la conquista, cuando Francisco Pizarro y sus secuaces habían capturado y asesinado a Atahualpa. Aprovechando la ambición desmedida de los europeos por el oro, los incas los conducían hacia lo profundo de la selva, tal vez con el ánimo de que no volvieran. Les decían que allí se encontraba una ciudad hecha de oro llamada Paititi.

Los pocos que lograban regresar hablaban de lo terrible que había sido la experiencia. Para la mentalidad de un europeo de entonces, era inconcebible todo lo que pasaba en el interior de la selva amazónica.

Sí, pero no…

Cuando Ruzo creció, prácticamente dividió su ciudadanía entre Perú, Nicaragua y los Estados Unidos realizando viajes constantes entre estos 3 países. Estudió geología y finanzas en la Universidad Metodista del Sur, en Dallas (Texas), y allí mismo hizo su doctorado en geofísica.

Para ese momento, toda su atención se centraba en los sistemas económicos sostenibles, con miras a proteger la Amazonía. También le atraían de manera especial la vulcanología y la geotermia; de hecho, en esta dirección se enfocó su proyecto de doctorado.

Mientras analizaba el potencial de energía geotérmica del Perú, como un rayo atravesó su mente el recuerdo del río hirviente, del que había escuchado tantas veces de niño. La razón del hombre de ciencia se imponía sobre la mirada sin prejuicios de su infancia y concluyó que eso no era más que una leyenda.

El río hirviente todavía esconde muchos misterios.
Flickr.com / Mi Perú.

Tal vez por cuestiones de azar, durante una cena familiar se tocó el tema y Andrés manifestó su opinión, ante lo cual su tía lo contradijo. Afirmaba, con una convicción absoluta, que Shanay Timpishka sí existía. De hecho, manifestaba con un orgullo desmedido que se había bañado allí.

Mientras Andrés aún continuaba paralizado y en silencio, notó que el resto de su familia confirmaba que lo dicho por su tía era verdad. Pero eso no era todo: su tía también era amiga de la esposa del chamán encargado de proteger el río de los depredadores occidentales.

Shanay Timpishka, una leyenda hecha realidad

Para Ruzo, esa debió ser una de las noches más largas de su vida. Se debatía entre lo que establecía la ciencia a partir de teorías demostradas y lo que le dictaba su corazón. En un punto, no pudo aguantar más y decidió emprender la aventura de constatar personalmente, con el apoyo de su tía, si todo eso era cierto o no.

No fue fácil. Tuvo que internarse varias veces en la selva y también debió lidiar con la desconfianza justificada del chamán Juan Flores, además del clima salvaje y los bichos por doquier. Para cuando ya había perdido toda esperanza de conocer el río hirviente, lo encontró. Esta tarea, en total, le había llevado 8 años.

A partir de ese momento, volvió a ser niño. No cabía en sí mismo de la felicidad. Registraba todos los datos posibles teniendo cuidado de no pasar por alto absolutamente nada. Registros, informes, fotografías, muestras, análisis, todo era esencial para poder entender.

A lo largo de este trabajo, Andres Ruzo se ha hecho acreedor de varias becas para adelantar su investigación y creó una fundación para proteger Shanay Timpishka. Asimismo, desarrolla una gran cantidad de proyectos en los que están incluidos charlas y cursos para todo tipo de personas.

Los indígenas y el río

Al tiempo en que Ruzo estudiaba el río, tuvo la oportunidad de interactuar con la comunidad indígena que habitaba la zona. Comprendió que la población vive la cotidianidad en una relación muy estrecha con este río, y en un equilibrio perfecto.

Del río toman el calor y el agua para cocinar, lavar y procesar las medicinas naturales para aquietar las enfermedades que los aquejan. El río también es un lugar sagrado que representa a Yacumama, una deidad con forma de serpiente que da origen al agua.

Ellos hacen unidad con el río. De ahí que conozcan sus secretos, sus ritmos, su humor; ven el río como si fuera un ser humano, igual de cambiante y complejo. Entienden que, por ejemplo, siempre después de una lluvia fuerte es posible bañarse en el río sin correr ningún peligro.

Indígenas tomando un baño a la costa del río.

El chamán vio en Ruzo otra extensión de ese río y supo interpretar las intenciones del científico, por eso le dio permiso de investigarlo. Solo le puso una condición: que después de estudiar las muestras de agua las devolviera a la tierra en cualquier lugar, para que encontraran el camino de retorno a su hogar. Fue como un pacto entre el conocimiento y la sabiduría.

Por qué hierve el río

Shanay Timpishka fluye a través de 6,24 kilómetros formando piscinas termales y cascadas de más de 6 metros de altura. Tiene 20 metros de ancho y cuenta con trayectos en los que se enfría y otros en los que se vuelve a calentar, hasta cuando desemboca en otro río de mayor tamaño.

Ruzo ha visto caer todo tipo de fauna al río. Lo que más le impresiona de las víctimas es el aspecto de los ojos al cocinarse y el sufrimiento de estos animales hasta que mueren. Recuerda que la temperatura de este río oscila entre los 86 y los 96°C, que es similar a la del agua de zonas volcánicas como la de Yellowstone.

El problema es que en la zona donde se encuentra Shanay Timpishka no existen volcanes. De hecho, no los hay en 700 kilómetros a la redonda. Por eso, Ruzo infiere que el calor del río no tiene origen volcánico ni magmático, lo que convierte este río en único en el mundo. Supone que el agua de los glaciares de los Andes se filtra por un sistema de fallas, se calienta por un gradiente geotérmico y brota hirviendo.

Más allá de ello, tiene claro que aún falta mucho por investigar y analizar para entender qué tipo de sistema hidrotérmico tiene lugar allí. También hay que entender las especies que viven en el lugar. Total, se trata de un descubrimiento fantástico que aún depara muchas sorpresas por venir.

Foto de portada: Flickr.com / University of Michigan International Institute.

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Graduada en periodismo de la Fundación de Educación Superior INPAHU de Bogotá. Estudios de Licenciatura en Ciencias Sociales, en la Universidad Distrital “Francisco José de Caldas” de Bogotá. Autora de los libros “Un duro – Aproximaciones a la vida” y “Un río de mil brazos”. Co-autora de los libros “Humor cautivo”, “Inventario de asombros”, “Impresos comunitarios” y “Seis historias para ser contadas”, entre otros. Ganadora de la beca en periodismo cultural, Ministerio de Cultura de Colombia (1999). Ganadora de los premios de periodismo Semana-Petrobras (2011) y Entrégate a Colombia-Servientrega (2012). Ganadora de las Pasantías Nacionales en Literatura del Ministerio de Cultura (2009 y 2018). Ganadora en el concurso de crónica “Ciudad de Bogotá” (2014). Mención de honor en el Concurso Nacional de Crónica y Testimonio, Universidad Central (2017) y en el Premio Nacional de libros de crónica (2010). Ganadora de la convocatoria “Leer es mi cuento” (2011), entre otros.