Pitigliano, enamórate de este pueblo empedrado de Italia

Armando Cerra 12 julio, 2017

Pitigliano, en la provincia italiana de Grosseto, forma parte de la Toscana, y está claro que no es el lugar más famoso de esa región. Sin embargo, os queremos presentar esta localidad que está fuera de los caminos turísticos más trillados, lo cual tiene la ventaja de que cualquiera que llega hasta aquí tiene la sensación de haber descubierto una auténtica joya de la historia y del arte. Y en gran parte, así es.

Cómo llegar a Pitigliano

Ya lo avisamos, no es fácil llegar hasta esta localidad toscana. Pero como todo aquello que no es fácil, una vez que se logra, la recompensa merece la pena. Y no solo por el destino, también por el trayecto de llegada.

Para pisar Pitigliano solo es posible ir por carretera, o bien con coche propio, con vehículo de alquiler o en autobuses comarcales que parten de Grosseto u Ortobello, que sí tienen estación de tren. O bien desde la propia Florencia. De cualquier forma el camino es lento, pero todo un deleite por las vistas del paisaje toscano.

Pitigliano en lo alto de la colina

Vista de Pitigliano
Pitigliano – Ovi Gherman / Flickr.com

Ya conforme nos acercamos a Pitigliano se descubre su casco histórico sobre las típicas colinas de roca porosa de la zona. Una roca que funde su color con el de las construcciones de la población, que parece camuflada con el entorno.

Pero además, esa colina y la porosidad de la roca permite que esté horadada por numerosas estancias subterráneas, que se han convertido en bodegas donde guardar y degustar los buenos vinos blancos de la zona, con denominación Pitigliano.

Pasear por Pitigliano

Casas de Pitigliano
Pitigliano – Sampo Sikiö / Flickr.com

El tamaño de la población hace que se recorra rápidamente, pero os recomendamos caminar sin prisas por sus empedradas calles. Es el modo de empaparse de toda su esencia e historia, en la que tiene una gran importancia la presencia de judíos en el pasado, tanto que se la llegó a conocer como la Pequeña Jerusalén por parte de los lugareños.

Pero además de pasear, ver y fotografiar su patrimonio histórico, también hay que asomarse a los diferentes miradores que proporciona su asentamiento elevado, para así disfrutar de unas vistas de lo más sugerentes. Uno de esos miradores que no os podéis perder es la pasarela que va desde Via Santa Chiara a la plaza de la República.

La entrada en Pitigliano

Fortaleza de Pitigliano
Fortaleza Orsini – Diego Pino García / Flickr.com

Para acceder al núcleo antiguo hay que atravesar una vieja puerta que directamente nos lleva a la piazza Petruccioli. Ese el punto de inicio de cualquier recorrido por Pitigliano.

Allí mismo se levanta el Palacio Orsini, que hoy en día está transformado en museo arqueológico, pero en el que sobre todo hay que visitar su hermoso patio con una pozo hexagonal que llevaba el agua hasta estas alturas.

Más adelante durante el paseo por la población se descubrirá otro lugar con el mismo apellido que este palacio. Se trata de la Fortaleza Orsini, la cual se halla al final del increíble acueducto Mediceo, cuyos grandiosos arcos llevaron el agua desde el siglo XVI.

Más atractivos turísticos de Pitigliano

Vista de Pitigliano
Pitigliano – Rolf Schmitz / Flickr.com

Como en cualquier población italiana, sus iglesias católicas siempre son interesantes, y en este caso hay que acercarse hasta la Catedral de San Pedro y San Pablo, con un recargado interior barroco.

No obstante, no todo es católico aquí. Ya os hemos hablado de la población hebrea del pasado, y por supuesto hay que visitar lo que fue el Barrio Judío. Allí todavía se puede admirar la antigua sinagoga, así como los vestigios de los baños, el horno judío o la carnicería Kasher.

“El viajero es activo, va enérgicamente en busca de gente, de aventura, de experiencia. El turista es pasivo, espera que le ocurran cosas interesantes.”

-Daniel J. Boorstin-

Ya lo has visto, Pitigliano es una pequeña joya que merece la pena visitar. No dudes en desviarte de tu camino si te encuentras cerca de este pueblo, quedarás irremediablemente enamorado de él. ¡Seguro!

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