Todos los secretos de “La última cena”, de Leonardo da Vinci

· 20 octubre, 2017
Se trata de una de las obras de arte más famosas de la historia. Como tal, hay muchos detalles sobre ella que se conocen y otros que no se divulgaron tanto. Te presentamos los datos más llamativos de este pedazo de historia de la humanidad.

Solo por contemplar La última cena, la gran pintura de Leonardo da Vinci, merece la pena hacer un viaje a Milán. Si se consigue ver, en realidad, conseguiremos contemplar una de las obras maestras de toda la historia del arte.

Sin embargo, lamentablemente, La última cena está muy deteriorada y en progresivo estado de desaparición; en parte, esto se debe a la forma de pintar de Leonardo, tan genial como imprevisible.

Reserva para La última cena

Lo primero que debéis saber todos aquellos que penséis en viajar a Milán y aprovechar para admirar La última cena de Leonardo es que no podréis hacerlo sin reserva previa.

Es tal la demanda de visitas, tan poco el espacio para contemplar el fresco y tan malo su estado de conservación, que se restringe el número de visitas diarias; es necesario reservar por internet con antelación.

Por lo tanto, si vais a viajar a Milán y conocéis las fechas concretas de vuestra estancia en la capital lombarda, no lo dudéis y reservad ya vuestra visita a La última cena. Si no lo hacéis así, os quedaréis sin verla.

Detalle de "La última cena"
“La última cena” – 3444753 / Pixabay.com

Dónde está La última cena

Esta obra de enormes dimensiones —460 x 880 cm— está pintada en una gran pared del refectorio del antiguo convento de Santa Maria delle Grazie, de Milán. Allí la pintó Da Vinci a finales del siglo XV, por encargo del duque Ludovico Sforza, más conocido como Ludovico el Moro, uno de los grandes mecenas del arte del Renacimiento.

¿Por qué se conserva tan mal La última cena de Leonardo?

Detalle de "La última cena"
Detalle de “La última cena” – commons.wikimedia.org

Esta pintura es un fresco, o sea, una pintura aplicada directamente sobre la pared. Sin embargo, da Vinci, en su afán de investigación e innovación, decidió no realizarla con las técnicas ya conocidas y optó por la experimentación. Para ello, Leonardo usó una técnica a medio camino del temple y el óleo, aplicando los colores sobre una superficie de yeso seco y no húmedo, como es lo habitual.

No obstante, a diferencia de otros muchos de sus exitosos experimentos, en este caso realmente fue un fracaso. Poco después de su realización, la pintura ya comenzó a desquebrajarse.

De hecho, ha sufrido numerosas restauraciones a lo largo de los siglos. Por ello, los cambios sufridos en cuanto a su color son numerosos y no se puede apreciar como la debió dejar su autor.

“La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte”
—Leonardo da Vinci—

Los valores artísticos de La última cena

Detalle de "La última cena"
Detalle de “La última cena” – commons.wikimedia.org

Por otra parte, hay valores realmente admirables del trabajo hecho por da Vinci. Uno de ellos es la perspectiva que nos plantea. El artista pintó la escena en el refectorio o comedor del convento, en una pared que simula abrir el espacio, continuando con la arquitectura de la sala. Es como si al comedor de los monjes también asistieran el propio Jesucristo y los doce apóstoles.

Esa perspectiva es uno de los grandes valores de la obra, pero también lo es la luz con la que baña la escena sagrada. Todos los personajes se iluminan con las ventanas simuladas del fondo del fresco, pero también parecen recibir la luz real que llega desde una ventana del propio refectorio.

Por citar solo uno más de los muchos valores artísticos de esta obra única, también hay que hablar de que es una de las primeras ocasiones en las que semejante escena está compuesta por personajes/personas reales.

Es decir, Leonardo coloca rostros, posturas y vestidos completamente normales para una escena que se supone tan importante como la última cena de Jesucristo.

Más atractivos de Milán

Catedral de Milán
Catedral de Milán – colores

En definitiva, si hacéis una escapada a Milán, comprobad si existe la posibilidad de ver este fresco en el convento de Santa Maria delle Grazie. Contemplar esta obra de Leonardo se convierte así en todo un privilegio, y hace que la visita a Milán sea más completa.

Sin embargo, y a modo de conclusión, no hay que olvidar que Milán es una ciudad que posee otros importantes atractivos turísticos. Por supuesto, hay que visitar su impresionante Duomo, pero también es ineludible visitar el Teatro de la Scala y el palacio Sforzesco, o pasear por la elegante Galería Vittorio Emanuele II.