El impresionante peregrinaje de Xuanzang

Edith Sánchez·
Xuanzang es un símbolo de una de las más grandes virtudes que puede tener un viajero auténtico: el interés cultural. Gracias al impresionante peregrinaje que hizo, fue posible un intercambio cultural provechoso entre India y China.
 

Uno de los viajes más épicos de la historia fue el impresionante peregrinaje de Xuanzang, entre los años 627 y 645 de nuestra era. Hay que entender que, en aquellos tiempos, una travesía de semejante envergadura era una hazaña peligrosa, incierta y solo apta para gente decidida y valiente.

En total, este personaje vivió 63 años. Eso quiere decir que pasó casi la tercera parte de su vida viajando a través de una ruta que lo llevó a recorrer 25 000 kilómetros. El impresionante peregrinaje de Xuanzang tenía un noble propósito: estudiar budismo y evolucionar como monje. Al final, lo logró.

El objetivo de este perseverante monje era el de llegar a la India. Para lograrlo, hizo su recorrido por una de las ramas de la llamada ‘Ruta de la seda’. Este era un trayecto destinado a comercializar la seda china, que desde mucho tiempo antes tenía enorme prestigio por su calidad.

La ruta en general era desolada y peligrosa. Por ser comercial, abundaban los ladrones y salteadores, así que se necesitaba de valor para recorrerla.

Estatua de Xuanzang ubicada en Vietnam.
Estatua de Xuanzang ubicada en Vietnam.

Xuanzang, un joven humilde

Xuanzang había nacido en el seno de una familia muy humilde de China. Sus padres murieron cuando era muy pequeño y él decidió convertirse en monje budista, algo que consiguió cuando tenía apenas 13 años. Estaba tan interesado en su formación espiritual que visitó muchos templos y maestros en China.

Esas travesías espirituales terminaron por desconcertarlo. Había tantas discrepancias entre los maestros que, en lugar de absolver sus dudas espirituales, terminaron por confundirlo. Un maestro hindú le pareció el más iluminado de todos, y esto lo animó a tomar la decisión de ir hasta la India para aprender sus enseñanzas de primera mano.

En aquel entonces, los chinos solo podían salir del país si contaban con un permiso especial. Xuanzang lo solicitó, pero después de varios años, no obtenía respuesta. Por eso, decidió salir clandestinamente; pronto se expidió una orden de arresto en su contra, así que tuvo que esconderse de día y viajar de noche, hasta que logró cruzar la frontera, rumbo al peligroso desierto de Gobi.

Monumento a Xuanzang, ubicado en Xi'an, China.
Monumento a Xuanzang, ubicado en Xi’an, China.

El impresionante peregrinaje del monje

La travesía por el desierto del Gobi fue apoteósica. Obviamente, no era un lugar frecuentado por el hombre, y los recursos con los que contaba Xuanzang eran mínimos. En varias oportunidades se extravió y se cuenta que llegó a estar hasta cinco días sin comer ni beber, lo cual lo llevó al borde de la muerte.

Casi como un milagro, logró llegar a un sitio habitado, que hoy se conoce como Turfán, y allí tuvo la fortuna de caerle en gracia al rey de un país que entonces se llamaba Gaochang. El monarca le ofreció toda su hospitalidad y admiración. De hecho, le propuso quedarse en su reino como maestro, pero el monje no aceptó.

El rey, entonces, le dio documentos para que no tuviera problemas y, además, buenas provisiones para que continuara su peregrinaje. Así fue que Xuanzang partió de nuevo, pero esta vez lo siguieron otros jóvenes, atraídos por su viaje espiritual. El trayecto fue otra vez muy difícil, y varios de los acompañantes murieron en ‘el camino nevado’.

Un intercambio cultural histórico

 

Por fin, Xuanzang llegó a la India, más exactamente al monasterio de Nalanda, en lo que hoy es Bihar. Allí se instaló y comenzó a estudiar las enseñanzas budistas, pero también aprendió la lengua y recorrió toda la India. Desde que llegó a esas tierras, se lo admiró por el valor de haber emprendido un peregrinaje tan arduo.

Poco a poco,  Xuanzang ganó un enorme prestigio entre los monjes de la India, por su claridad de pensamiento y la facilidad con la que lograba explicar las doctrinas de Buda. Incluso uno de los gobernantes más poderosos lo invitó a defender los principios budistas en una gran asamblea, que incluía reyes, monjes y sabios.

El humilde monje expuso sus ideas durante 18 días y esto le permitió ganar mayor celebridad. Por fin, en la primavera del año 643, Xuanzang decidió que era hora de volver a China. Llevó consigo 657 textos budistas y un buen número de reliquias. Otra vez pasó por grandes dificultades, pero al final, llegó a su país a salvo.

El templo Syuentzang, construido por Xuanzang en Taiwan.
El templo Syuentzang, construido por Xuanzang en Taiwan.

Fue recibido con gran entusiasmo, incluso por el mismo emperador. En últimas, el impresionante peregrinaje de este monje le permitió a los chinos conocer ideas de un mundo lejano, por lo que se lo considera un viaje cultural. Los textos llevado por Xuanzang enriquecieron notablemente el budismo de su país.