Guía para organizar un viaje al Polo Norte

El Polo Norte es un destino que pocos se atreven a visitar debido a sus condiciones extremas. Sin embargo, aquellos que se aventuran acaban disfrutando de una experiencia única. Si eres de los que no descarta visitarlo algún día, a continuación te decimos todo lo que se tienes que tener en cuenta a la hora de organizar un viaje al Polo Norte.

Cómo llegar al Polo Norte

Glaciar en el Polo Norte
Glaciar – simon / Pixabay.com

Hay diferentes formas de viajar al Polo Norte. Una de ellas es cogiendo un avión desde Noruega o alquilando un vuelo desde Canadá. Lógicamente, la primera opción es más barata, aunque el precio sigue siendo bastante alto, ya que ronda los diez mil euros. A los que les baste con sobrevolar el Polo Norte, sin pararse en él, también pueden decantarse por uno de los aviones que se fletan desde Berlín.

Ya se elija el avión que parte de Noruega o de Canadá, el primer destino es Barneo, una estación en un casquete de hielo que se encuentra a 97 km del Polo Norte. Allí se pueden realizar diversas actividades como esquiar, así como encontrar tanto alojamiento y zonas de restauración. Una vez recargadas las pilas, hay un helicóptero que tarda entre veinte y cuarenta minutos en llegar al Polo Norte.

Otra formas de llegar a nuestro es destino es viajando por mar, lo que implica coger un barco rompehielos en Finlandia o Rusia que cuenta con todas las comodidades posibles. También se puede hacer por tierra desde Rusia o Canadá. Esto último requiere de un guía y conlleva esquiar, arrastrar un trineo denominado “pulka” o acampar en el hielo.

Cuándo viajar al Polo Norte

Iceberg en el Polo Norte
Iceberg – Lieberum / Pixabay.com

Las temperaturas en el Polo Norte son muy extremas. De hecho, la más alta registrada hasta la fecha ha sido de 5 ºC. Y es que en invierno la temperatura media es de -34 ºC, mientras que en verano esta se vuelve algo más soportable, con valores entorno al punto de congelación. Es decir, a los 0 ºC. Por tanto, los mejores meses para viajar al Polo Norte son junio, julio y agosto.

“Si piensas que la aventura es peligrosa, prueba la rutina. Es mortal.”

-Paulo Coelho-

Qué se necesita llevar al Polo Norte

Vista del Polo Norte
Polo Norte – MemoryCatcher / Pixabay.com

Como acabamos de ver, las temperaturas en el Polo Norte son lo bastante frías como para perjudicar a la salud de los visitantes si estos no van bien preparados. Por ello, es necesario llevar ropa de abrigo, como la fabricada para realizar esquí, ya que su tejido resiste tanto al viento como al agua. Tampoco se deben olvidar unas gafas para proteger a los ojos del aire y del sol.

La clave está en vestirse con varias capas. La primera deben ser prendas térmicas o sintéticas que vayan ajustadas. Se desaconseja el algodón por absorber la humedad. Mientras, la segunda capa puede ser ropa normal; y la tercera, ropa impermeable, como los plumíferos. Al hablar de frío extremo, mejor proveerse de una cuarta. Es decir, que en vez de elegir entre un polar o un jersey de lana, habría que decantase por ambos.

Respecto a la cabeza y a las extremidades, es aconsejable llevar unos guantes, y sobre estos, unas manoplas especiales para la nieve; varios gorros y orejeras; una braga o algo para cubrir el cuello y la parte superior del rostro; calcetines térmicos y de lana; así como un calzado de un par de números más grandes y que sean idóneos para caminar por la nieve. De ahí que la suela tenga que ser más bien alta.

Lo más importante: disfrutar de la experiencia

Osos polares en el Polo Norte
Osos polares – 12019 / Pixabay.com

Una vez que sabemos cómo llegar y en qué época viajar al Polo Norte, así como qué enseres tenemos que llevar con nosotros, solo queda disfrutar de la maravillosa y única experiencia que ofrece el destino que nos ocupa. Para empezar, sus paisajes blancos y su fauna (osos polares, focas, morsas, leones marinos y aves) son algunos de sus grandes atractivos.

El Polo Norte también ofrece la posibilidad de realizar diversas actividades, como montar en moto de nieve, visitar cuevas glaciares, conducir trineos de perros, o practicar un trekking imposible de repetir en otro lugar del mundo, avanzando con los esquíes y con los víveres y pertrechos sobre los trineos. Se aconseja realizarlas todas para paladear cada momento de la expedición y sentirse como uno de los pioneros que pisaron el Polo Norte. 

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