Visitamos el monasterio de Santa Catalina de Arequipa

29 marzo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la historiadora del arte Cristina Moreno
Más que un monasterio, es una pequeña ciudad. Protegida por unos sobrios y recios muros, sorprende el colorido de sus calles y sus edificios.

En la ciudad de Arequipa, al sur del Perú, encontramos una de las maravillas arquitectónicas y urbanísticas de este país: el monasterio de Santa Catalina. Se trata de uno de los monumentos que no te puedes perder si visitas la Ciudad Blanca.

Origen del monasterio

El origen de este monasterio se encuentra en la primera mitad del siglo XVI. Su gestación se debió a un grupo de españolas de clase alta que deseaba crear un monasterio de monjas privado.

Vista del claustro de los Naranjos
Claustro de los Naranjos

Durante la visita del virrey Francisco de Toledo a la ciudad, el Cabildo le trasladó este deseo, consiguiendo la licencia de apertura de «un monasterio de monjas privado de la Orden de Santa Catalina de Siena». De esta manera, este es el primer monasterio de monjas fundado en esta ciudad peruana.

Sin embargo, no fue hasta la entrada en la Orden de Doña María de Guzmán, viuda joven y acaudalada, cuando comenzó a tener la importancia de la que somos hoy testigos. Se trata de un monasterio que llegó a tener una población de casi 500 personas entre monjas y sirvientas.

Asimismo, está considerado «una ciudad dentro de la ciudad» porque alberga espacios de culto, viviendas, zonas de esparcimiento, equipamientos comunes y un urbanismo propio. Todo, dentro de unos férreos muros que la aíslan del bullicio de la actual ciudad.

Arquitectura y urbanismo del monasterio de Santa Catalina de Arequipa

Vista del monasterio
Monasterio de Santa Catalina

El monasterio que hoy podemos ver es fruto de múltiples fases de construcción, adiciones y derrumbes por los constantes terremotos que lo asolaron. Ocupa más de dos manzanas y se puede visitar en su mayor parte.

El conjunto es de estilo colonial y está construido, principalmente, con piedra sillar. Se trata de un tipo de piedra volcánica de color blanco muy característica de la zona.

Consta de iglesia, tres claustros, varias huertas y un entramado de callejuelas que recuerdan a barrios andaluces como el Albaicín o la judería de Córdoba. A estas calles se abren las celdas, que más parecen pequeñas casitas con su propio salón, una o más estancias dormitorio, cocina propia y patio.

Se trata de espacio mágico que sorprende constantemente al visitante por su colorido, originalidad y diversidad.

Recorrido por el monasterio

Calle del monasterio con paredes rojas
Calle del monasterio

La visita se inicia desde un pequeño patio abierto junto a la iglesia. El contraste que el visitante percibe es enorme, pues pasamos de sobrios muros en el exterior a espacios llenos de colorido en el interior. Rojo, azul y amarillo, frescos de motivos florales y lienzos inundan todos los espacios de este impresionante lugar.

El primer espacio que nos encontramos es el conocido como Patio del Silencio. Desde él se accede a un pequeño claustro llamado de las Novicias, en cuyas pareces penden cuadros religiosos.

Desandando nuestros pasos, accedemos al Claustro de los Naranjos, de arquería pintada en azul intenso. De ahí llegaremos a la calle Málaga, donde encontramos las primeras celdas de las monjas.

En esta pequeña ciudad veremos una gran variedad de pequeñas casas. En ellas, las novicias contaban incluso con habitación para una criada que las solía acompañar.

Más tesoros del monasterio de Santa Catalina de Arequipa

Calle del monasterio con paredes blancas
Calle del monasterio – Ivan Mlinaric / Flickr.com

Del urbanismo, destaca la plaza Zocodover, con su hermosa fuente y sus vistas a la cúpula de la iglesia. También hay que mencionar la calle Córdoba, con sus macetas de geranios colgadas de las paredes. Y curiosa es la lavandería al aire libre, realizada con medias tinajas unidas a un canal por el que aún discurre agua.

Tras ella, encontramos la gran cocina, de luz celestial gracias a un óculo abierto en la bóveda. Este hace que la luz entre de forma casi mágica en el espacio. Al final del recorrido veremos otro claustro, el más grande, llamado Claustro Mayor.

Desde ese claustro se accede a la pinacoteca. Durante la rehabilitación del conjunto se han recuperado infinidad de pinturas de las escuelas virreinal, italiana y española que se exponen aquí. Son un sinfín de tesoros que merece la pena admirar.

En la actualidad, el monasterio se puede visitar todos los días de la semana. Cuenta con varias tarifas así como visita guiada opcional no incluida en el precio.