Visitamos el Molino de Sabandía en Arequipa, Perú

Este artículo fue redactado y avalado por la historiadora del arte Cristina Moreno
· 15 abril, 2019
A 20 minutos del centro de la ciudad peruana de Arequipa encontramos un molino centenario aún en funcionamiento. Un molino que, visto desde fuera, parece una gran casona.

El Molino de Sabandía es uno de los grandes atractivos turísticos de Arequipa. Se encuentra en el distrito del mismo nombre, en plena campiña de la llamada Ciudad Blanca de Perú. Es un molino que, a pesar de sus 400 años de historia, aún funciona y que combina a la perfección naturaleza y arquitectura.

La historia del Molino de Sabandía

Fachada del Molino de Sabandía
Molino de Sabandía – J. Gonzalo Del Carpio / Flickr.com

El origen del Molino de Sabandía lo encontramos en el año 1621. Es en ese momento cuando el español García de Vargas Machuca encarga su construcción al maestro alarife Francisco Flores.

Para entonces, Vargas Machuca ya había recibido el permiso del virrey don Francisco de Borja y Aragón para hacer en sus tierras un molino harinero. Así, aprovechando la fuerza del agua que pasaba por la zona, construyó el imponente edificio que encontramos en la actualidad.

El molino se abandonó en el siglo XX por quedar obsoleto. Comenzó entonces un proceso de degradación que casi lo hizo desaparecer.

Es en 1971 cuando don Arturo Seminario García, entonces presidente del Banco Central Hipotecario, se fija en él para incluirlo dentro de una lista de monumentos arquitectónicos para restaurar. Así, el arquitecto Luis Felipe Calle le devuelve todo su esplendor.

Gracias a ese esfuerzo, en 1973 se pudo reinagurar el molino. Actualmente, es uno de los atractivos turísticos de la zona y espacio de recreo de los habitantes de Arequipa.

La arquitectura del Molino de Sabandía

La arquitectura del Molino de Sabandía es la propia de las casonas de Arequipa. Se trata de un edificio imponente, robusto y regio que más parece un palacio que un molino harinero.

Entrada al molino
Entrada al molino – diego Muñoz / Flickr.com

Unas interminables escaleras nos llevan a la construcción. En el camino podemos disfrutar de una colección de cactus y flores autóctonas, junto a pequeñas cascadas que se dirigen tomando fuerza hacia el edificio. Al final de las escaleras, hallamos el molino.

Este es un edificio construido con piedra sillar blanca de origen volcánico, típica de la zona. De él, destacan su inmensa bóveda de medio punto, sus anchos muros y un encantador balcón mirador de madera.

Y fíjate en sus imponentes contrafuertes, muy importantes para contrarrestar la fuerza de los temblores tan frecuentes en la zona. Además, la construcción se hizo aprovechando los desniveles del terreno y en su parte baja podemos ver las cárcavas por las que sale el agua tras pasar por la maquinaria hidráulica instalada en el siglo XVIII.

En su interior se exponen herramientas para arar el campo, vertederas y máquinas antiguas. Asimismo, podemos ver varias piedras de molienda que aún funcionan. Unas escaleras típicas arequipeñas con arco en la parte baja nos llevan hasta el jardín trasero. En él verás un riachuelo por el que pasa lentamente el agua que abandona el molino.

Todo el conjunto arquitectónico está rodeado de bellos jardines y caídas de agua que hacen del lugar un sueño bucólico. En ellos hay llamas, alpacas, pavos reales, patos, toros y otros animales que hacen la visita más amena.

Recomendaciones para la visita al molino

Cascada en los jardines del molino
Jardines del molino – J. Gonzlao del carpio / Flickr.com

El molino se puede visitar todos los días del año de 9 de la mañana a 6 de la tarde. Y cuenta con tarifa normal y tarifa para escolares y mayores de 65 años.

Para llegar a él podemos optar por ir en taxi. Otra posibilidad es contratar a alguno de los operadores de viajes que se encuentran en la plaza de Armas de Arequipa. Estos ofrecen un paseo en un bus turístico que recorre toda la campiña arequipeña.

En sus jardines podemos disfrutar de unos momentos de descanso. Aquí encontrarás una tranquila zona de merendero con mesas y bancos de madera a la sombra de centenarios árboles.

Además, en las inmediaciones del molino podemos disfrutar de otros atractivos: paseos a caballo y picanterías donde se sirve comida típica de la zona, entre otros muchos. Y algo muy importante: es recomendable llevar protección solar, gorra o sombrero y agua, puesto que la radiación solar en la zona es muy fuerte.