¿Cómo se construyó el acueducto romano de Segovia?

¿Te imaginas cómo debían ser las obras en tiempos de la Edad Antigua? Roma y Grecia elevaron infraestructuras sorprendentes para sus limitadas posibilidades. Por eso, vamos a conocer cómo se construyó el acueducto romano de Segovia. No pierdas detalle.

Detalles sobre la construcción del acueducto romano de Segovia

Levantar una obra de tal magnitud requirió en su día de mucho ingenio. La falta de medios se suplía con conocimientos y habilidad.

Acueducto romano de Segovia
Acueducto de Segovia – Marques

A la hora de construirlo, los romanos usaron andamios fuertes. Estas estructuras soportaban las cimbras, en las que encajaban las dovelas de los arcos, en cuya piedra central tenía que estar tallada perfectamente en forma de cuña para ejercer la suficiente presión.

Debían marcar dobles agujeros, que todavía se ven hoy en los extremos de cada sillar de granito. Y es que para elevarlos utilizaban gran número de tenazas metálicas, que se cerraban cuando se tiraba hacia arriba y se apretaban con el peso que tenía la propia piedra.

Los sillares estaban situados a poca altura o por debajo del suelo. Eran colocados en su sitio transportándolos de manera directa hasta su disposición final desplazándolos por rodillos de encina. Luego, eran arrastrados por pequeñas rampas de madera, siendo apoyadas en andamios o desplazadas por la fuerza de los animales de tiro.

“No basta tener un buen ingenio, lo principal es aplicarlo bien.”

-René Descartes-

Operando en altura

Arco del acueducto romano de Segovia
Arco – MonicaVolpin / Pixabay.com

Si la altura donde se operaba era mayor que la estatura de un hombre, solían usar ruedas de elevación de considerable tamaño. Eran movidas por esclavos, que daban vueltas a un eje en el que se enrollaba la cuerda de cáñamo que, por un sistema de poleas, hacía posible elevar los sillares.

En los andamios había otro grupo de obreros que eran los que estaban pendientes de colocarse en el sitio correcto, ajustando los sillares por palancas. En el mismo lugar, el cantero era el que acababa la obra con el labrado y tallado de las caras de cada piedra.

Existen algunas piedras en las que también se pueden observar las hendiduras en las que pueden introducirse las cuñas de madera. Allí se hincaban con agua cuando se querían conseguir cortes perfectos en el granito.

Se puede apreciar que el acueducto romano de Segovia es de mayor anchura en la parte inferior. Luego disminuye conforme aumenta su altura. Esta es una solución bastante ingeniosa que ayuda a que pueda soportar su propio peso.

La unión de los sillares denominados “opus quadrata” se realiza sin argamasa, plomo o cemento. Es decir, que estos sillares están unidos con el perfecto estudio de empujes de las piedras.

Situación del acueducto romano de Segovia

El acueducto de Segovia es el que se encarga de conducir las aguas procedentes del manantial de Fuenfría. Se sitúa en la sierra cercana, a 17 kilómetros de la ciudad, en un paraje llamado La Acebeda. Desde él recorre más de 15 kilómetros antes de llegar a Segovia.

El recorrido

Arcos del acueducto romano de Segovia
Arcos – jackmac34 / Pixabay.com

El agua recoge primero una cisterna llamada “El Caserón”. Después es conducida por un canal de sillares hasta una segunda torre, llamada Casa de Aguas. Allí se decanta y desarena, para después proseguir su camino.

Una vez aquí, recorre 813 metros, en una pendiente de 1%, hasta lo alto del Postigo. Este es un espolón rocoso sobre el que se asentaba Segovia en torno al famoso alcázar. Antes de esto, en la plaza de Día Sanz, realiza un brusco giro y va hacia la plaza del Azoguejo, salvando la depresión con una arquería, donde se ve todo el esplendor del propio monumento.

El acueducto

Acueducto, uno delos lugares que ver en Segovia
Acueducto de Segovia – javarman

En su parte más alta mide 28 metros. Entre ellos hay 6 metros de cimientos y dos órdenes de arcos sobre pilares, contando con 167 arcos.

Como puedes ver, el acueducto de Segovia representa una gran obra de ingeniería que es viva muestra de todo lo que podían hacer los romanos. Todavía hoy nos impresionamos por la calidad de construcción y durabilidad de sus materiales.

Estamos ante una lección arquitectónica de cómo combinar belleza y utilidad de uso que nos dieron los romanos. De ello se ha beneficiado la ciudad castellana, pues tiene en él, junto con el alcázar, uno de los principales símbolos de Segovia.

Los cuidados que se han firmado hoy para respetar el acueducto no los hubo en el pasado. Por ello, el hecho de haber sufrido guerras y conflictos da mayor valor aún a que se haya conservado. Sin duda, algo que los amantes del arte y la historia debemos de celebrar especialmente.

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