Visitamos el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau

A pesar de la historia de horror que encierra, no podemos negar que este campo de concentración forma parte de la historia de la humanidad, y que visitarlo es imprescindible para conocer de dónde venimos, a dónde hemos llegado y cómo mejorar para llegar allá donde vayamos. Hablamos del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, una visita no apta para personas hipersensibles.

Conoce todo sobre el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau

Valla de Auschwitz-Birkenau
Valla perimetral – Jose Blasco Pitarch

Este lugar, hoy museo y conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad, se ubica en Polonia, en la ciudad de Oświęcim, tan solo a unos 70 kilómetros de Cracovia. Llegar desde Cracovia hasta el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau es fácil, pues hay transporte público, así como excursiones de un día que no salen mal de precio.

El museo se fundó a mediados de 1947, una vez que la Unión Soviética entregó el campo de concentración a Polonia. Desde entonces ha sido visitado por millones de personas. Un lugar que fue el mayor centro de exterminio de la historia del nazismo. Se estima que aquí llegaron un millón trescientas mil personas. Solo doscientas mil sobrevivirían.

Y debes saber que realmente este es un campo que une dos: el Auschwitz I, que fue el original, y el Auschwitz-Birkenau, que fue creado como campo de exterminio. Para sumergirte en la historia y no perder detalle es necesario visitar los dos y estar preparado para un recorrido realmente estremecedor.

Visita a Auschwitz I

Barracones de Auschwitz-Birkenau
Barracones – T.Slack

Comenzando el recorrido por este campo, veremos la famosa frase “Arbeit Macht Frei” (“El trabajo os hará libres”) con la que se recibía a los miles de prisioneros del ejército nazi como bienvenida. Esto nos puede hacer una idea del cinismo que desplegaba este régimen.

En este campo de concentración se recibió a todo tipo de prisioneros que eran considerados indignos de la raza humana, ya fuera por sus creencias, su raza o su inclinación sexual. Judíos, testigos de Jehová y homosexuales se llevaron la peor parte.

Este campo, aunque se mantiene con su iluminación original, ha sido reconstruido. Albergaba alrededor de 15.000 prisioneros, aunque se llegó a alcanzar la cifra de 20.000.

“Estamos aquí para evitar que el horror que nosotros vivimos se repita, esa es nuestra lucha y lo que nos mantiene en pie.”

-Antiguos prisioneros del Auschwitz-Birkenau-

En el museo no solo podrás ver fotografías, sino maletas de los que llegaban, pelo que los nazis recolectaban para ser convertido en cuerdas o sacos, así como gafas y zapatos de los prisioneros. También hay una zona dedicada al gas Zyclon. El recorrido se completa con las celdas de castigo, donde cuesta asimilar el horror que miles de personas debieron de pasar en ellas.

Visita al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau

Vía del tren de Auschwitz-Birkenau
Llegada al campo – Dmitrijs Mihejevs

Está situado a solo tres kilómetros del anterior y se construyó no solo como campo de concentración, sino que fue concebido con la idea del exterminio final.

El campo tenía unos cinco kilómetros cuadrados que estaban cercados y electrificados. Cuatro cámaras de gas muestran la crueldad de este genocidio, ya que permitían que en cada turno se pudiera gasear a 2500 personas a la vez. No obstante, la casi destrucción total del campo por los nazis antes de abandonarlo no permite obtener cifras con exactitud.

Algo característico del Auschwitz-Birkenau son las vías del tren que llegan hasta dentro del campo. Era el medio de transporte usado para llevar a los prisioneros en manadas. Muchos de ellos, sobre todo los enfermos, ancianos y niños eran llevados directamente a las cámaras de gas.

Algunos de los prisioneros de Auschwitz-Birkenau

Ropa de prisioneros de Auschwitz
Auschwitz – robypangy

Seguramente, una de las prisioneras más conocidas de este campo de concentración es Ana Frank. La joven estuvo aquí entre septiembre y octubre de 1944, luego fue trasladada a Bergen-Belsen. Allí moriría de tifus en marzo de 1945.

También estuvo en este campo Elie Wiesel, escritor que más tarde relataría sus experiencias y sería galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1986.

Si estás de visita en Cracovia, visitar Auschwitz-Birkenau es imprescindible. Solo intenta verlo como lo que es, historia… Una historia, eso sí, terrible, pero que nos ayuda a saber hasta dónde puede llegar el ser humano y, sin duda, nos anima a mejorar para que nunca se repita nada semejante.

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