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Tepoztlán: todo lo que debes saber

Dicen que Tepoztlán tiene ese «no sé qué» en «no sé dónde» que hace que los visitantes sientan una vibra muy especial cuando están en el lugar. Tal vez sean sus leyendas, su historia o geografía, o quizás todo a la vez…

Tepoztlán: todo lo que debes saber

Escrito por Edith Sánchez, 13 Noviembre, 2020

Última actualización: 13 Noviembre, 2020

Tepoztlán es un pueblo mágico de México, no solo porque oficialmente fue declarado así, sino porque en realidad se trata de un lugar en donde la fantasía se mezcla con la realidad. Además, posee una enorme riqueza geográfica, histórica, cultural y artística.

Este bellísimo poblado se encuentra muy cerca la Ciudad de México y goza de un excelente clima durante todo el año. Uno de los aspectos más llamativos es que en Tepoztlán hay festividades y actividades culturales en todos los meses del calendario anual, así que es uno de esos sitios en los que ninguna fecha de viaje tiene pérdida.

Más allá de todos sus atractivos físicos, lo que verdaderamente convierte a Tepoztlán en un sitio lleno de magia es el conjunto de leyendas que envuelven a este poblado. Esa es la razón por la que este lugar tiene una atmósfera muy especial, que no deja indiferente a nadie.

Datos generales sobre Tepoztlán

Tepoztlán está ubicado en el estado de Morelos, a solo 74 kilómetros de la Ciudad de México. Se llega allí desde la capital del país, tomando por la carretera que conduce a Cuernavaca y haciendo un desvío por el camino que lleva a Oaxtepec.

El pueblo está resguardado por el cerro del Tepozteco y tiene una geografía maravillosa. Posee una población de menos de 20 000 habitantes y una vida cotidiana muy tranquila. Cuenta con dos famosas rocas: el Dado y el Dadito; la primera tiene forma cúbica casi perfecta y la segunda no tanto, pero igual, ambas hacen las delicias de los aficionados a la escalada.

En Tepoztlán viven una gran cantidad de artesanos, y por eso el poblado es famoso por la elaboración de papel de amate, una fibra muy hermosa que es sacada de los árboles locales. También se encuentran allí las conocidas «casitas de pochote», además de esculturas talladas en espina de pochoizcatl, es decir, árbol de algodón silvestre.

Las calles de Tepoztlán se conjugan con su fabulosa geografía.

La leyenda de Tepoztlán

La palabra Tepoztlán es de origen náhuatl y significa ‘lugar del hacha de cobre’. También hace honor a un héroe épico llamado Tepoztécatl. Cuenta la leyenda que una hermosa doncella iba diariamente a bañarse al río, pese a las advertencias de la gente que lo señalaba como un acto peligroso.

En una de esas faenas, la joven quedó encinta debido a los «aires» del lugar y tuvo que contárselo a sus indignados padres. Cuando nació el niño, su abuelo intentó deshacerse de él por varios medios. En uno de los intentos lo arrojó desde las alturas, pero el viento lo sostuvo y lo mantuvo a salvo.

El abuelo también lo dejó abandonado en el desierto, pero los magueyes lo alimentaron de aguamiel. Así mismo, lo dejó entre las hormigas, pero estas lo cuidaron en lugar de atacarlo. Finalmente, fue adoptado por una pareja de ancianos.

Un héroe y la pirámide

Tepoztécatl creció saludable, pero su aldea era asolada por una temible serpiente mítica que exigía sacrificios de ancianos para calmarse. El padre del joven fue elegido para el ritual, pero Tepoztécatl se ofreció a ir por él. En el camino recogió piedras filosas, pero al encontrarse con el animal fue engullido sin compasión.

Dentro de la serpiente, Tepoztécatl utilizó las piedras que llevaba para cortarle las entrañas a la bestia y así liberarse. Después de esto y de otras aventuras, el joven fue reconocido como una figura divina. Se le designó sacerdote del dios Ometochtli y luego él mismo fue nombrado «dios del pulque», una bebida tradicional de México.

En su honor se erigió una pirámide en la cima de Tepoztlán, que data de entre los años 1150 y 1350 de nuestra era. La construcción todavía se conserva, y es el principal atractivo del poblado. El público puede visitarla todos los días, y los domingos, la entrada es libre.

La pirámide que rinde homenaje a Tepoztecatl, en Tepoztlán.

Color y tradiciones

Otro sitio de Tepoztlán que vale la pena conocer es el exconvento de La Natividad, que data del siglo XVI y fue construido por los frailes dominicos. Se trata de un lugar maravilloso en donde, además, se obtiene una fabulosa vista panorámica de todo el poblado.

El lugar más bohemio es el «tianguis artesanal», una zona que concentra a los artesanos del pueblo. Allí se pueden encontrar todo tipo de objetos tradicionales, que van desde pulseras con motivos ancestrales hasta verdaderas obras de arte en joyería, madera y telas.

El mercado del pueblo es un lugar incomparable para degustar las delicias de la gastronomía mexicana. Por lo demás, Tepoztlán tiene fiestas durante todo el año; sin embargo, la más tradicional es el carnaval, que tiene lugar en febrero, como es habitual en toda América Latina.

En síntesis, este poblado es un paraje imperdible si viajas a México. La riqueza de sus tradiciones y la amabilidad de su gente, junto con su interesante historia, son motivos suficientes para ponerlo en tu agenda.

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Edith Sánchez
Edith Sánchez
Graduada en periodismo de la Fundación de Educación Superior INPAHU de Bogotá. Estudios de Licenciatura en Ciencias Sociales, en la Universidad Distrital “Francisco José de Caldas” de Bogotá. Autora de los libros “Un duro – Aproximaciones a la vida” y “Un río de mil brazos”. Co-autora de los libros “Humor cautivo”, “Inventario de asombros”, “Impresos comunitarios” y “Seis historias para ser contadas”, entre otros. Ganadora de la beca en periodismo cultural, Ministerio de Cultura de Colombia (1999). Ganadora de los premios de periodismo Semana-Petrobras (2011) y Entrégate a Colombia-Servientrega (2012). Ganadora de las Pasantías Nacionales en Literatura del Ministerio de Cultura (2009 y 2018). Ganadora en el concurso de crónica “Ciudad de Bogotá” (2014). Mención de honor en el Concurso Nacional de Crónica y Testimonio, Universidad Central (2017) y en el Premio Nacional de libros de crónica (2010). Ganadora de la convocatoria “Leer es mi cuento” (2011), entre otros.